
El sistema de fraude piramidal, en el que se inspiró el administrador de fondos Bernard Madoff, se conoce como "esquema Ponzi", en referencia al estafador de los años 20, Carlo Ponzi, y se caracteriza por un efecto de bola de nieve.
Su estrategia consistió en la mentira y en beneficiarse de la credulidad de los clientes de su sociedad, Securities Exhange Company. Prometía a los ahorradores unos intereses de hasta el 40% en 90 días, mientras que las cuentas de ahorro ordinarias de la época no sobrepasaban el 5% de rendimiento.
Estos beneficios se obtenían, en teoría, a través de la compra y reventa de sellos postales internacionales.
El negocio que 'vendía' Ponzi era sumamente sencillo: una persona en el extranjero enviaba una carta a Estados Unidos, incluyendo un sello postal comprado según las tarifas del país de origen.
La promesa gloriosa se basaba en que jugando con las diferencias entre las cotizaciones del dólar estadounidense y las divisas extranjeras, los beneficios llegaban solos y a raudales.
Entusiasmados con esta perspectiva, los pequeños ahorristas entregaron su dinero a Ponzi, que "en tres horas, recibió un millón de dólares", según el sitio internet del actual gendarme bursátil estadounidense, el SEC.
El fraude funcionó mientras los inversores no decidieron retirar masivamente sus ahorros, puesto que la mentira se mantuvo pagando a algunos clientes con el dinero que otros habían aportado, siguiendo el popular principio de "desvestir un santo para vestir a otro".
"Si bien algunos inversores obtuvieron sus beneficios por parte de Ponzi, que legitimó así su montaje, una investigación mostró que el estafador sólo había invertido 30 dólares para comprar sellos postales internacionales", explica la SEC.
A Ponzi lo desenmascaró la revista Barrons, que reveló que el estafador no invertía en su propia empresa y que harían falta seis veces más de sellos postales en circulación para cubrir el conjunto de sus operaciones.
Los ahorradores se precipitaron en vano a recuperar sus ahorros y Ponzi fue condenado a una larga pena de cárcel.
Su estrategia consistió en la mentira y en beneficiarse de la credulidad de los clientes de su sociedad, Securities Exhange Company. Prometía a los ahorradores unos intereses de hasta el 40% en 90 días, mientras que las cuentas de ahorro ordinarias de la época no sobrepasaban el 5% de rendimiento.
Estos beneficios se obtenían, en teoría, a través de la compra y reventa de sellos postales internacionales.
El negocio que 'vendía' Ponzi era sumamente sencillo: una persona en el extranjero enviaba una carta a Estados Unidos, incluyendo un sello postal comprado según las tarifas del país de origen.
La promesa gloriosa se basaba en que jugando con las diferencias entre las cotizaciones del dólar estadounidense y las divisas extranjeras, los beneficios llegaban solos y a raudales.
Entusiasmados con esta perspectiva, los pequeños ahorristas entregaron su dinero a Ponzi, que "en tres horas, recibió un millón de dólares", según el sitio internet del actual gendarme bursátil estadounidense, el SEC.
El fraude funcionó mientras los inversores no decidieron retirar masivamente sus ahorros, puesto que la mentira se mantuvo pagando a algunos clientes con el dinero que otros habían aportado, siguiendo el popular principio de "desvestir un santo para vestir a otro".
"Si bien algunos inversores obtuvieron sus beneficios por parte de Ponzi, que legitimó así su montaje, una investigación mostró que el estafador sólo había invertido 30 dólares para comprar sellos postales internacionales", explica la SEC.
A Ponzi lo desenmascaró la revista Barrons, que reveló que el estafador no invertía en su propia empresa y que harían falta seis veces más de sellos postales en circulación para cubrir el conjunto de sus operaciones.
Los ahorradores se precipitaron en vano a recuperar sus ahorros y Ponzi fue condenado a una larga pena de cárcel.
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