
La orquídea, una de las flores más cosmopolitas y exhuberantes del mundo, no sólo es símbolo de belleza sino que esconde un tesoro de la naturaleza: el termómetro de la conservación.
Una estancia adornada con orquídeas ofrece una luz especial, pero en su hábitat natural, enredadas en las ramas de los árboles que las reciben como huéspedes, las orquídeas adquieren un misterio y un enigma que las hacen aún más bellas.
Juan del Hierro, especialista en esas plantas, ha sido uno de los organizadores de la Expo Orquídeas 2009 de Quito, que finalizó hoy y en la que los ejemplares más bellos de rincones del mundo.
"Las orquídeas son las plantas más cosmopolitas del mundo", dijo Del Hierro a Efe, además de su belleza y su sorprendente capacidad de adaptación, las orquídeas son epífitas, es decir, que usan como soporte para vivir a otras plantas, lo que sumado a la variedad de insectos que requieren para su reproducción, las convierte en un termómetro y un medidor de la salud de un ecosistema, dice Del Hierro.
Si el curioso caminante y trepador descubre una orquídea salvaje es porque el entorno que le rodea está en equilibrio, pero como avisa Del Hierro, los ecosistemas sanos, con la deforestación y el cambio climático, están en peligro y por tanto, también la reproducción natural de esta planta.(EFE)
Una estancia adornada con orquídeas ofrece una luz especial, pero en su hábitat natural, enredadas en las ramas de los árboles que las reciben como huéspedes, las orquídeas adquieren un misterio y un enigma que las hacen aún más bellas.
Juan del Hierro, especialista en esas plantas, ha sido uno de los organizadores de la Expo Orquídeas 2009 de Quito, que finalizó hoy y en la que los ejemplares más bellos de rincones del mundo.
"Las orquídeas son las plantas más cosmopolitas del mundo", dijo Del Hierro a Efe, además de su belleza y su sorprendente capacidad de adaptación, las orquídeas son epífitas, es decir, que usan como soporte para vivir a otras plantas, lo que sumado a la variedad de insectos que requieren para su reproducción, las convierte en un termómetro y un medidor de la salud de un ecosistema, dice Del Hierro.
Si el curioso caminante y trepador descubre una orquídea salvaje es porque el entorno que le rodea está en equilibrio, pero como avisa Del Hierro, los ecosistemas sanos, con la deforestación y el cambio climático, están en peligro y por tanto, también la reproducción natural de esta planta.(EFE)
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