martes, 17 de febrero de 2009

Por la serpiente oro


Por:Iván La Riva Vegazzo
Consultor en Turismo
(ivanlariva@hotmail.com)
Siempre tuve admiración por Ciro Alegría. Es para mí, el novelista nacional que mejor enfoca la realidad andina. En la sencillez de su prosa, refleja un amplio conocimiento de la problemática y la idiosincrasia del habitante del Perú profundo.
Puedo asegurar que por sus novelas empecé a amar a mi país, sus pueblos, sus costumbres, su geografía y su gente. Más adelante, mi segundo maestro sería el Arq. Fernando Belaúnde Terry, quien me enseño a leer el mensaje telúrico de nuestra historia y me inculcó el interés por recorrer las rutas del Perú, en especial las de mi región, La Libertad.
La "Serpiente de Oro" es una de las obras cumbres de Ciro Alegría. Los relatos se desarrollan al torno del río Marañon en la parte que éste discurre por nuestro departamento. La llama "serpiente" porque su cauce, al cruzar los Andes, se asemeja a un gran ofidio, y "de oro" porque el territorio por donde ésta cruza posee una gran riqueza aurífera, dando vida a importantes centros mineros, tanto de la provincia de Pataz como la de Bolívar; ambas en La Libertad.

Cuando se me presentó la oportunidad de llegar a la lejana Tayabamba, capital de provincia de Pataz, no dudé un instante en viajar hacia allá para encontrarme con la novelesca "serpiente de oro".
Mi partida desde Trujillo fue por la tarde. Al anochecer, ya estaba en Huamachuco, después de cruzar la cordillera occidental de los Andes, cuyo punto mas alto es la Pampa de la Julia, pasando Quiruvilca, a más de 4.080 m.s.n.m. Luego, proseguí viaje hacia Puente Pallar para cruzar el río Chuzgón. Más adelante atravesé la cordillera central, por el páramo conocido como Pampa de Huagil iniciando, desde Aricapampa, el descenso hacia la "serpiente de oro". Llegué a ella al amanecer y la crucé por el largo puente de Chagual.
Subiendo la cordillera oriental de los Andes, pasamos por el peligroso paso conocido como el "Balcón del Diablo", que es una curva muy cerrada y que tiene como fondo el río Marañón, cientos de metros más abajo. En aquella soledad recordaba los versos de Ciro Alegría: “El Perú es el país de la piedra…Los majestuosos Andes son una épica de piedra…Piedras imponentes las de los Andes; piedras gloriosas las labradas…”
Más adelante aprecié, desde la altura, la hermosa laguna de Piás Pasé por Parcoy, Retamas, Llacuabamba y otros pueblos. Al anochecer ya estaba en Buldibuyo. Luego de cruzar el abra Laska, teniendo al frente la cordillera Blanca, empezamos la bajada hacia Huaylillas, adonde arribé al amanecer del segundo día de viaje. Este pueblo es muy conocido por la hospitalidad de sus pobladores y su entorno paisajístico.
Desde ese lindo paraje me dirigí a Tayabamba a caballo, tramo que recorrí en dos horas aproximadamente. La capital provincial es una ciudad ordenada, con una Plaza de Armas muy colorida y ubicada a desnivel. Recordé haber leído que Antonio Raimondi, en su libro “El Perú”, señala que en esa misma plaza, un día de lluvia, recogió pepitas de oro. Se dice que fue en esta ciudad donde el sabio italiano acuñó la frase: “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”.
Ya en Tayabamba recorrí, también a caballo, varios de sus poblados, entre ellos Taurija, Urpay, Saire, Miraflores, entre otros. Desde sus alturas pude divisar nuevamente el río Marañon que se abre paso entre la cordillera formando un profundo cañón. Ante tal maravilla de la geografía recordé la frase de Ciro Alegría, consignada en su celebre novela: “El Marañon encañonado ruge como un puma enjaulado”
Luego de cabalgar por espacio de cuatro días por tan interesantes parajes, fue muy reparador el descanso que me tomé en tierras tayabambinas antes de regresar a Trujillo. El viaje de regreso fue tan emocionante como el de ida. Al cruzar nuevamente el río Marañon recordé las frases de Ciro Alegría que identifican plenamente al hombre andino, al hombre del Perú profundo: “El hombre es igual al río, profundo y con sus reveses, pero voluntarioso siempre”.

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