miércoles, 21 de octubre de 2009

Floralíes: Promoviendo el cariño por lo verde en su gama de colores

CANTARES DE MUJER

Por: Isabel Barrantes Zurita
isarrobles@yahoo.es

Recuerdo a mi madre regando dos veces por semana su entrañable jardín en una huerta grande, donde las manzanas, los duraznos, los higos eran la delicia no sólo nuestra, sino de los vecinos que llegaban.
Mi madre les regalaba aquellas frutas, de las cuales ya sólo tenemos los recuerdos. Ella, así como nuestro padre nos enseñó a amar los libros, mi madre nos enseñó el valor y el cariño hacia las plantas, las flores, las frutas, los derechos.
Como ella cientos de mujeres que no pudieron estudiar la educación superior, se dedicaron con santo amor a sus plantas, sus jardines, sus huertas. Sabían los secretos, costumbres y gustos de cada una y como no salían fuera de casa, entablaban una interminable conversación con sus plantas.
Las casas de antes, casi todas tenían su huerta. Esto alcanzaba para todas las clases sociales; para las mujeres de ciudad y campo. Después la demografía desbordó los espacios de las casas. Empezaron a morir las huertas, los jardines, los árboles frutales, para dar paso cada día a más habitaciones, pues la familia crecía sin descanso.
Todavía quedan algunas casas que tienen su pequeña huerta, pero ya es sólo un atisbo, una memoria que se va muriendo ante los estragos desbordantes de las construcciones de cemento.
Rapidito, los que antes eran espacios de bosques tupidos, ahora tupidos de edificios de cemento que crecen sin parar, reemplazando a los árboles, otrora los guardianes de la vida y la salud. Altos edificios mudos, fríos, bien resguardados, con puertas de fierro, para que nadie entre, albergan a innumerables familias que vienen de todas partes.
Cabe entonces resaltar la labor que vienen haciendo las señoras de Floralíes Cajamarca, empeñadas ya no en promover las huertas, los jardines y el cuidado de árboles frutales, sino, por lo menos rescatar las macetas en balcones y ventanas de Cajamarca.
Lo verde en una casa, en un barrio, en una comunidad, en un país es la esperanza de seguir respirando no sólo para fortalecer los pulmones, sino para la germinación del amor por la naturaleza a partir de nuestros niños y niñas. Enseñarles a amar las plantas, las flores, las frutas, los bosques, es sembrarles valores para que entren radiantes con el sol, por la ventanita de sus casas, cada día.
Por cierto, el otro día vi como asesinaban, por orden de nuestra municipalidad un árbol hermoso de ciprés, en el parquecito Arróspide de Loyola, generaba kilos de oxígeno para nuestros habitantes, albergaba nidos con piquitos olorosos, albergaba años y años de crecimiento y, era ya uno de los escasísimos árboles que se estaba salvando de la muerte.
Para los amantes de la modernidad cajamarquina no hay árboles que valgan, no hay bosques que no se tiren al suelo, no hay manantiales que no se tapen con cemento. Esa modernidad le gusta a la gran mayoría de nuestro pueblo. ¡Aplauden! Que se siembre más concreto armado, así se da paso a la civilización, a la empresa, a puestos de trabajo, a comercio, aunque se venda el alma por dinero.
Nadie extraña a ese ciprés, ni nadie hizo, por lo menos, un minuto de silencio por la grandeza y estoicismo de haberse hecho árbol. En su reemplazo dicen, sembrarán otras plantitas menos aguerridas, que han de secarse junto con la pena de ver cada vez menos árboles en Cajamarca.
Quién defiende a los árboles, a las plantas, a la esperanza verde, a la tierra que alimentó nuestro nacimiento?.
Cuándo nacerán otra vez, los nuevos líderes que lideren la defensa de los derechos de hombres, mujeres, niños, ancianos, naturaleza, cultura, equidad? Mientras tanto debemos felicitar la labor de este grupo de personas que desvelan el sueño, para llenar de belleza los jardines, los parques, las ventanas y balcones de esta ciudad.

Ojalá que sigan laborando y su labor trascienda a las escuelas, los barrios, las comunidades, las universidades, los tecnológicos.
Repito enseñar a querer a las plantas, a la naturaleza, a nuestras expresiones culturales, es enseñar que la esperanza es posible a pesar de la modernidad inconsecuente.
Ojalá que de vosotras señoras de Floralíes aprendan nuestras autoridades a respetar los bosques y la vida.
Las felicitamos por la hermosa II Exposición en el Complejo Monumental de Belén.
Cajamarca, 18 de octubre del 2009

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