
Iván La Riva Vegazzo
Consultor en Turismo
Consultor en Turismo
ivanlariva@hotmail.com
Turismo y descanso van de la mano. Lo confirma la definición que hace Oscar de La Torre Padilla, quien dice: “Turismo es un fenómeno social que consiste en el desplazamiento… por motivos de recreación, descanso, cultura o salud,… generando múltiples interrelaciones de importancia social, económica y cultural”. A su vez, la Constitución del Perú consagra que toda persona tiene derecho: “A la paz, a la tranquilidad, al disfrute del tiempo libre y al descanso…” (Art. 2, inc. 22)
Siendo que en la sociedad actual todo esta preparado para hacernos perder el equilibrio emocional y, aunque, abundan las recetas que ofrecen los “entendidos”; existe sin embargo una formula cristiana que los invito a practicar. Ella se encuentra en la Biblia y dice: “Vengan a mi todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas y los haré descansar” (Mateo 11:28). Expresado en buen romance, la formula para el estrés que nos plantea el Creador, además de sencilla es efectiva. Compartamos con El las situaciones que nos agobian, como si estuviéramos con un amigo, entreguémosle nuestras angustias, que de seguro El nos “hará descansar”.
El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra descanso como: “Cesar el trabajo, reparar las fuerzas con quietud, desahogarse, tener alivio o consuelo comunicando a un amigo o persona de confianza males y necesidades”. Para que esos logros resulten efectivos, necesitamos tener presente que nuestra vida tiene cuatro dimensiones: física, mental, social y espiritual. Debemos abarcar los cuatro niveles. Ya el Papa Juan XXIII, en 1962, dijo: “Deben los ocios favorecer el desarrollo de los valores constitutivos de la persona y facilitar una verdadera y auténtica vida social entre los hombres. Pero cada uno sabe que, mal empleado, puede ser causa de hastío, de decepción, de degradación, cuando debieran procurar una auténtica felicidad y equilibrio”
La calidad de vida aumenta en relación directa al número de dimensiones tomadas en cuenta al momento de programar el descanso a fin de que éste pueda producir la restauración correspondiente.
En la Declaración de Manila, se acuerda lo siguiente:“La importancia que millones de nuestros contemporáneos conceden al turismo, tanto en su empleo del tiempo libre como en la concepción de la calidad de vida, hace del turismo una exigencia que los gobiernos deben tener en cuenta y deben satisfacer” (Art. 9); y agrega en el siguiente articulo: “ El turismo social es un objetivo que la sociedad debe alcanzar para los ciudadanos menos favorecidos en el ejercicio de su derecho al descanso” (Art. 10).
A su vez, el Código Ético Mundial para el Turismo señala: “El turismo, que es una actividad generalmente asociada al descanso, a la diversión, al deporte y al acceso a la cultura y a la naturaleza, debe concebirse como un medio privilegiado de desarrollo individual y colectivo…” (Art. 2 inc. 1)
Entonces, hay suficientes argumentos para sustentar que el turismo y el descanso están ligados con la concepción de la calidad de vida como un derecho natural de todo ser humano.
Turismo y descanso van de la mano. Lo confirma la definición que hace Oscar de La Torre Padilla, quien dice: “Turismo es un fenómeno social que consiste en el desplazamiento… por motivos de recreación, descanso, cultura o salud,… generando múltiples interrelaciones de importancia social, económica y cultural”. A su vez, la Constitución del Perú consagra que toda persona tiene derecho: “A la paz, a la tranquilidad, al disfrute del tiempo libre y al descanso…” (Art. 2, inc. 22)
Siendo que en la sociedad actual todo esta preparado para hacernos perder el equilibrio emocional y, aunque, abundan las recetas que ofrecen los “entendidos”; existe sin embargo una formula cristiana que los invito a practicar. Ella se encuentra en la Biblia y dice: “Vengan a mi todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas y los haré descansar” (Mateo 11:28). Expresado en buen romance, la formula para el estrés que nos plantea el Creador, además de sencilla es efectiva. Compartamos con El las situaciones que nos agobian, como si estuviéramos con un amigo, entreguémosle nuestras angustias, que de seguro El nos “hará descansar”.
El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra descanso como: “Cesar el trabajo, reparar las fuerzas con quietud, desahogarse, tener alivio o consuelo comunicando a un amigo o persona de confianza males y necesidades”. Para que esos logros resulten efectivos, necesitamos tener presente que nuestra vida tiene cuatro dimensiones: física, mental, social y espiritual. Debemos abarcar los cuatro niveles. Ya el Papa Juan XXIII, en 1962, dijo: “Deben los ocios favorecer el desarrollo de los valores constitutivos de la persona y facilitar una verdadera y auténtica vida social entre los hombres. Pero cada uno sabe que, mal empleado, puede ser causa de hastío, de decepción, de degradación, cuando debieran procurar una auténtica felicidad y equilibrio”
La calidad de vida aumenta en relación directa al número de dimensiones tomadas en cuenta al momento de programar el descanso a fin de que éste pueda producir la restauración correspondiente.
En la Declaración de Manila, se acuerda lo siguiente:“La importancia que millones de nuestros contemporáneos conceden al turismo, tanto en su empleo del tiempo libre como en la concepción de la calidad de vida, hace del turismo una exigencia que los gobiernos deben tener en cuenta y deben satisfacer” (Art. 9); y agrega en el siguiente articulo: “ El turismo social es un objetivo que la sociedad debe alcanzar para los ciudadanos menos favorecidos en el ejercicio de su derecho al descanso” (Art. 10).
A su vez, el Código Ético Mundial para el Turismo señala: “El turismo, que es una actividad generalmente asociada al descanso, a la diversión, al deporte y al acceso a la cultura y a la naturaleza, debe concebirse como un medio privilegiado de desarrollo individual y colectivo…” (Art. 2 inc. 1)
Entonces, hay suficientes argumentos para sustentar que el turismo y el descanso están ligados con la concepción de la calidad de vida como un derecho natural de todo ser humano.
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