Trujillo di? publica otro artículo en homenaje a la memoria del padre Jaime Gari, esta vez a cargo de otro colaborador, lo que evidencia el gran trabajo y el carisma que poseía el querido sacerdote.Por: Iván La Riva Vegazzo
ivanlariva@hotmail.com
Me cuesta trabajo creer lo que leo en las páginas de La Industria que dan cuenta del fallecimiento de mi amigo, el reverendo padre Jaime Gari Barcelo; sacerdote más huamachuquino que español. Por su trayectoria de vida, en estos días mucho se habrá de recordar, escribir y hablar sobre él; de su bohemia, su sencillez, su tesón por el trabajo o de su amor por la tierra andina que lo acogió desde 1981.
Sepan queridos lectores que cuando se escriba la historia de los pioneros del turismo en La Libertad, el nombre del padre Jaime Gari habrá de escribirse con letras doradas; pues, si no fuera por su visión y entrega, la ruta de Huamachuco a Yanasara fuese lo que es hoy, un paraíso en los Andes liberteños.
Conocí al padre Jaime hace ya mas de 12 años, cuando llevé la primera delegación de alumnos universitarios a Yanasara, él nos dio albergue en la ex casa hacienda pues ya la estaba acondicionando para el turismo. Por aquella época ésta no contaba con luz eléctrica así que las noches y su entorno se prestaban como escenario para una excelente fogata matizada con los más interesantes cuentos de terror. A partir de aquel negocio, el padre involucró a los miembros de la comunidad campesina en el mundo del turismo. Nuestros anfitriones supieron lo que era atender al público, mostrar lo suyo y ganar por ello, mejorando así su calidad de vida.
Con apoyo de los comuneros arregló la fuente de aguas termales, se mejoró la piscina, se instalaron las duchas y posteriormente se incrementaron las pozas individuales. Pero lo más espectacular de su obra física fue la construcción del albergue frente a los baños. Este cuenta con un excelente comedor, habitaciones privadas y múltiples, un amplio auditorio, coliseo de gallos, canchas para deportes, zonas de recreación y mucho más; todo al pie del río Chuzgón, al centro del valle, entre los flancos de la cordillera de los Andes. Este complejo turístico es sin duda, después de los Baños del Inca en Cajamarca, el mejor del norte del Perú. Todo por obra y gracia de un ángel del turismo, mi amigo el padre Jaime Gari.
No me imagino regresando a Yanasara sin ser recibido por el padre Jaime. De seguro será duro para mí ya no poder conversar con él en los atardeceres andinos, ni recorrer las nuevas obras que con entusiasmo me enseñaba cada vez que llegaba a su albergue. De aquí en adelante, ¿como sabrá el pan de su panadería de Cochabamba o sus chorizos de cerdos criados en su granja?. Quedan hoy en mi recuerdo los ajíes encurtidos que sabía regalarme. Ya nada será igual.
El padre Jaime sí sabia de turismo. Había nacido en una isla de gran desarrollo turístico, Mallorca. Cuando le pedíamos recomendaciones, presto nos las daba. Se preocupaba mucho por la ecología y la sostenibilidad del turismo. Le molestaba los visitantes que no respetaban la naturaleza.
La piedra es uno de los elementos más duraderos que Dios nos ha dado. Por ellas Machu Picchu y Markahuamachuco son ciudades eternas. Eternas también serán las iglesias de piedra que el padre Jaime construyó a lo largo de la ruta a Yanasara, la de Sausacocha, la de Yanac, la de Olichoco y la de Anamuelle; aparte de otras repartidas por la provincia. Ellas serán para mí el principal testimonio de su eterna presencia bajo el cielo huamachuquino que tanto amó y nos enseñó a amar.
Si de algo estoy seguro, recontra seguro, es que desde el cielo este Ángel del Turismo, nos seguirá protegiendo por las rutas que nos depare la vida y nuestro mejor homenaje a su memoria será seguir trabajando por lo que él nos enseñó con su ejemplo, mejorar la calidad de vida del hombre andino a partir del turismo. Padre Jaime,… descanse en paz.
Me cuesta trabajo creer lo que leo en las páginas de La Industria que dan cuenta del fallecimiento de mi amigo, el reverendo padre Jaime Gari Barcelo; sacerdote más huamachuquino que español. Por su trayectoria de vida, en estos días mucho se habrá de recordar, escribir y hablar sobre él; de su bohemia, su sencillez, su tesón por el trabajo o de su amor por la tierra andina que lo acogió desde 1981.
Sepan queridos lectores que cuando se escriba la historia de los pioneros del turismo en La Libertad, el nombre del padre Jaime Gari habrá de escribirse con letras doradas; pues, si no fuera por su visión y entrega, la ruta de Huamachuco a Yanasara fuese lo que es hoy, un paraíso en los Andes liberteños.
Conocí al padre Jaime hace ya mas de 12 años, cuando llevé la primera delegación de alumnos universitarios a Yanasara, él nos dio albergue en la ex casa hacienda pues ya la estaba acondicionando para el turismo. Por aquella época ésta no contaba con luz eléctrica así que las noches y su entorno se prestaban como escenario para una excelente fogata matizada con los más interesantes cuentos de terror. A partir de aquel negocio, el padre involucró a los miembros de la comunidad campesina en el mundo del turismo. Nuestros anfitriones supieron lo que era atender al público, mostrar lo suyo y ganar por ello, mejorando así su calidad de vida.
Con apoyo de los comuneros arregló la fuente de aguas termales, se mejoró la piscina, se instalaron las duchas y posteriormente se incrementaron las pozas individuales. Pero lo más espectacular de su obra física fue la construcción del albergue frente a los baños. Este cuenta con un excelente comedor, habitaciones privadas y múltiples, un amplio auditorio, coliseo de gallos, canchas para deportes, zonas de recreación y mucho más; todo al pie del río Chuzgón, al centro del valle, entre los flancos de la cordillera de los Andes. Este complejo turístico es sin duda, después de los Baños del Inca en Cajamarca, el mejor del norte del Perú. Todo por obra y gracia de un ángel del turismo, mi amigo el padre Jaime Gari.
No me imagino regresando a Yanasara sin ser recibido por el padre Jaime. De seguro será duro para mí ya no poder conversar con él en los atardeceres andinos, ni recorrer las nuevas obras que con entusiasmo me enseñaba cada vez que llegaba a su albergue. De aquí en adelante, ¿como sabrá el pan de su panadería de Cochabamba o sus chorizos de cerdos criados en su granja?. Quedan hoy en mi recuerdo los ajíes encurtidos que sabía regalarme. Ya nada será igual.
El padre Jaime sí sabia de turismo. Había nacido en una isla de gran desarrollo turístico, Mallorca. Cuando le pedíamos recomendaciones, presto nos las daba. Se preocupaba mucho por la ecología y la sostenibilidad del turismo. Le molestaba los visitantes que no respetaban la naturaleza.
La piedra es uno de los elementos más duraderos que Dios nos ha dado. Por ellas Machu Picchu y Markahuamachuco son ciudades eternas. Eternas también serán las iglesias de piedra que el padre Jaime construyó a lo largo de la ruta a Yanasara, la de Sausacocha, la de Yanac, la de Olichoco y la de Anamuelle; aparte de otras repartidas por la provincia. Ellas serán para mí el principal testimonio de su eterna presencia bajo el cielo huamachuquino que tanto amó y nos enseñó a amar.
Si de algo estoy seguro, recontra seguro, es que desde el cielo este Ángel del Turismo, nos seguirá protegiendo por las rutas que nos depare la vida y nuestro mejor homenaje a su memoria será seguir trabajando por lo que él nos enseñó con su ejemplo, mejorar la calidad de vida del hombre andino a partir del turismo. Padre Jaime,… descanse en paz.
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