
Por: Enrique Plasencia
En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Así reza uno de nuestros dichos más dichos.
Hoy, en la era de la tecnología sin límites podemos decir que, en el país de los calatos, el desnudo es escándalo.
Desde hace unos días, la publicidad en torno a unas cuantas policías femeninas que se fotografiaron y filmaron mientras se bañaban al interior de uno de los locales institucionales, ha sido la comidilla de algunos y la comilona de los imbéciles.
Recibirán una sanción ejemplar ha dicho la ¿flamante? ministra del interior. Y la sociedad nuestra que basa su moral en la culta televisión que hace Carlos Álvarez aprueba la condena a tremendo delito. ¿Cómo es posible que las agentes del orden hagan tamaño escándalo público?, por dios, ¿en qué país estamos?.
Pues estamos en el país de los calatos. De esos calatos que el dibujante Alfredo Marcos, magistralmente, nos puso al frente para darnos justo en el centro de nuestro orgullo de mendigos sentados en un banco de oro.
Y, naturalmente a estos calatos de abrigo, calatos de pan, calatos de cultura y calatos de todo, un desnudo nos escandaliza tanto como las siete plagas de Egipto.
Que Susy Díaz se calatee es arte. Que Tongo lo haga, es catarsis. Que la sirena de Buenos Aires tenga las tetas al aire es sublime. Pero que lo hagan un par de policías dentro de su cuartel y en un ambiente de camaradería anti estrés es una blasfemia contra el magnánimo estado peruano, un pecado tan grande como el que nuestra tataratataratatarabuelita Eva cometió en el Edén de nuestra desgracia.
Entonces, desde ese punto de vista, chicas y chicos, están advertidos: prohibido desnudarse y dejarse fotografiar en tan animalesca situación. No sea que a algún bicho por ahí se le ocurra colgar ese material en la internet y ¡zuácate!, políticos pa que los quiero.
Ahora, viéndolo desde un punto de vista materialista como el mío, ¿veré algún día una bella policía desnuda, antes que una atropellada en cualquier avenida? Satanás me libre de tremendo pecado. Las policías deberían renunciar a su humanidad, antes que las expulsen por bañarse desnudas.
O, mejor, que nuestra ministra compre, a través del PNUD, un urgente lote de cinturones de castidad con su respectivo tragador de llaves.
Hoy, en la era de la tecnología sin límites podemos decir que, en el país de los calatos, el desnudo es escándalo.
Desde hace unos días, la publicidad en torno a unas cuantas policías femeninas que se fotografiaron y filmaron mientras se bañaban al interior de uno de los locales institucionales, ha sido la comidilla de algunos y la comilona de los imbéciles.
Recibirán una sanción ejemplar ha dicho la ¿flamante? ministra del interior. Y la sociedad nuestra que basa su moral en la culta televisión que hace Carlos Álvarez aprueba la condena a tremendo delito. ¿Cómo es posible que las agentes del orden hagan tamaño escándalo público?, por dios, ¿en qué país estamos?.
Pues estamos en el país de los calatos. De esos calatos que el dibujante Alfredo Marcos, magistralmente, nos puso al frente para darnos justo en el centro de nuestro orgullo de mendigos sentados en un banco de oro.
Y, naturalmente a estos calatos de abrigo, calatos de pan, calatos de cultura y calatos de todo, un desnudo nos escandaliza tanto como las siete plagas de Egipto.
Que Susy Díaz se calatee es arte. Que Tongo lo haga, es catarsis. Que la sirena de Buenos Aires tenga las tetas al aire es sublime. Pero que lo hagan un par de policías dentro de su cuartel y en un ambiente de camaradería anti estrés es una blasfemia contra el magnánimo estado peruano, un pecado tan grande como el que nuestra tataratataratatarabuelita Eva cometió en el Edén de nuestra desgracia.
Entonces, desde ese punto de vista, chicas y chicos, están advertidos: prohibido desnudarse y dejarse fotografiar en tan animalesca situación. No sea que a algún bicho por ahí se le ocurra colgar ese material en la internet y ¡zuácate!, políticos pa que los quiero.
Ahora, viéndolo desde un punto de vista materialista como el mío, ¿veré algún día una bella policía desnuda, antes que una atropellada en cualquier avenida? Satanás me libre de tremendo pecado. Las policías deberían renunciar a su humanidad, antes que las expulsen por bañarse desnudas.
O, mejor, que nuestra ministra compre, a través del PNUD, un urgente lote de cinturones de castidad con su respectivo tragador de llaves.
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