*El Comercio
Sentados frente a un televisor plasma, unos trabajadores descansan tras una intensa jornada bajo el sol agotador que acaricia el valle de Chicama. Ellos observan atentamente las imágenes que aparecen en la pantalla y reconocen en ellas una historia de la cual forman parte. Sonríen, se miran, celebran. Ellos son los primeros invitados del Museo Cao, que hoy abrirá sus puertas en una ceremonia que contará con representaciones artísticas y la visita de connotados representantes de la cultura y la política en el Perú.
Junto a los trabajadores está Lucero Silva Buse, la museógrafa del recinto construido en honor de la importante gobernante. Ella es la más entusiasmada con la inauguración. Sobre el proyecto, precisó: “El desafío del Museo Cao fue doble en cuanto se intentó representar 5.000 años de ocupación cultural continua en el Complejo Arqueológico El Brujo, sin centrarnos no solamente en el apogeo de la cultura Moche (de la que formó parte la Señora de Cao), de la cual se tiene mayor cantidad de informes, sino en todo, desde sus antecedentes culturales hasta los cambios que sucedieron tras su colapso”.
Explicó que las seis salas del museo contienen material arqueológico al que se le han incorpora variables interpretativas de la antropología y de la historia del arte prehispánico, de tal manera que se vea una propuesta más dinámica, en lugar de objetos estáticos y fuera de contexto.
“La idea fue basarnos en el agua como el eje de la narrativa del museo. El Complejo Arqueológico El Brujo, en el valle de Chicama, se sitúa muy cerca de la desembocadura de las aguas del río en el mar, un punto de encuentro para el asentamiento de los primeros pobladores que combinaron la pesca y la recolección de mariscos con la domesticación de plantas. De esta forma, el agua también es un elemento unificador, capaz de articular la experiencia y cosmovisión de las distintas culturas que habitaron el desierto”, sostuvo.
Asimismo, indicó que las primeras salas son en tributo al agua, a partir de la sala 4 se inicia una trayectoria ritual en el que el visitante recorre tres espacios ontológicos de gran importancia dentro del sistema de creencias moche: el mundo de los vivos, el de los muertos y el de los ancestros, este último supone el final del recorrido dentro del museo y el encuentro con la Señora de Cao, a quien vemos solo a través de un reflejo, como para no olvidar que ella continúa en su viaje al mundo de los que se adelantaron.
LA ARQUITECTAClaudia Ucelli es la arquitecta general del proyecto. Según su memoria descriptiva, el museo tiene una arquitectura que se involucra con su entorno a través de perspectivas visuales, con lo cual se buscó que la arquitectura se entendiera como parte del paisaje, objetivo que consiguió. Las estructuras no arremeten contra la naturaleza del recinto arqueológico. Una verdadera belleza que permitirá que el visitante aprecie la importancia cultural del valle de Chicama.
MÁS DATOS-Este proyecto necesitó una inversión de US$1 millón.-El recinto tiene una extensión de 2.000 metros cuadrados, que incluye el área del museo, de 600 metros cuadrados.-Además cuenta con laboratorios, almacenes, auditorio, sala de cómputo, tópico, boletería, tienda y plaza central.
La vida de la Señora de Cao irá a la pantalla grande
Sentados frente a un televisor plasma, unos trabajadores descansan tras una intensa jornada bajo el sol agotador que acaricia el valle de Chicama. Ellos observan atentamente las imágenes que aparecen en la pantalla y reconocen en ellas una historia de la cual forman parte. Sonríen, se miran, celebran. Ellos son los primeros invitados del Museo Cao, que hoy abrirá sus puertas en una ceremonia que contará con representaciones artísticas y la visita de connotados representantes de la cultura y la política en el Perú.
Junto a los trabajadores está Lucero Silva Buse, la museógrafa del recinto construido en honor de la importante gobernante. Ella es la más entusiasmada con la inauguración. Sobre el proyecto, precisó: “El desafío del Museo Cao fue doble en cuanto se intentó representar 5.000 años de ocupación cultural continua en el Complejo Arqueológico El Brujo, sin centrarnos no solamente en el apogeo de la cultura Moche (de la que formó parte la Señora de Cao), de la cual se tiene mayor cantidad de informes, sino en todo, desde sus antecedentes culturales hasta los cambios que sucedieron tras su colapso”.
Explicó que las seis salas del museo contienen material arqueológico al que se le han incorpora variables interpretativas de la antropología y de la historia del arte prehispánico, de tal manera que se vea una propuesta más dinámica, en lugar de objetos estáticos y fuera de contexto.
“La idea fue basarnos en el agua como el eje de la narrativa del museo. El Complejo Arqueológico El Brujo, en el valle de Chicama, se sitúa muy cerca de la desembocadura de las aguas del río en el mar, un punto de encuentro para el asentamiento de los primeros pobladores que combinaron la pesca y la recolección de mariscos con la domesticación de plantas. De esta forma, el agua también es un elemento unificador, capaz de articular la experiencia y cosmovisión de las distintas culturas que habitaron el desierto”, sostuvo.
Asimismo, indicó que las primeras salas son en tributo al agua, a partir de la sala 4 se inicia una trayectoria ritual en el que el visitante recorre tres espacios ontológicos de gran importancia dentro del sistema de creencias moche: el mundo de los vivos, el de los muertos y el de los ancestros, este último supone el final del recorrido dentro del museo y el encuentro con la Señora de Cao, a quien vemos solo a través de un reflejo, como para no olvidar que ella continúa en su viaje al mundo de los que se adelantaron.
LA ARQUITECTAClaudia Ucelli es la arquitecta general del proyecto. Según su memoria descriptiva, el museo tiene una arquitectura que se involucra con su entorno a través de perspectivas visuales, con lo cual se buscó que la arquitectura se entendiera como parte del paisaje, objetivo que consiguió. Las estructuras no arremeten contra la naturaleza del recinto arqueológico. Una verdadera belleza que permitirá que el visitante aprecie la importancia cultural del valle de Chicama.
MÁS DATOS-Este proyecto necesitó una inversión de US$1 millón.-El recinto tiene una extensión de 2.000 metros cuadrados, que incluye el área del museo, de 600 metros cuadrados.-Además cuenta con laboratorios, almacenes, auditorio, sala de cómputo, tópico, boletería, tienda y plaza central.
La vida de la Señora de Cao irá a la pantalla grande

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