lunes, 13 de abril de 2009

LA VIRGEN DEL CERRO LA PLATA DE TAYABAMBA

Por: Arnold Melgarejo López
El Tayabamba

El turismo, como todos sabemos es una seductora industria que nos articula con el mundo y sobre todo genera empleos e ingresos en las comunidades involucradas. En nuestro país la magnesia de esta actividad es la cultura incaica.
Recuerdo haber escuchando muchas veces hablar sobre los atractivos de Patáz, más que como destinos turísticos, como bellezas inherentes a nuestra provincia, materia a la que me referiré en otra oportunidad, por ahora, quiero discurrir sobre un asunto que los patacinos apenas lo advertimos cándidamente, y quizás logre despertar una brizna de sana curiosidad que nos lleve al eureka de Arquímedes. La curiosidad a la que me refiero no es el fisgoneo de los mirones casuales, sino al atractivo legítimo que apasiona al turista por un lugar, como las pirámides de Egipto o nuestro Machupicchu, con y sin los votos ingenuos para convertirlo en maravilla moderna.
Hoy quiero referirme a la virgen del cerro la plata, sí, a aquella imagen que vemos desde Tayabamba todos los días sin advertir ningún asombro, porque forma parte de nuestro entorno paisajista; pero si supiéramos que aquella imagen en la roca de tan colosal tamaño podría representar el tesoro escondido de Tayabamba y los patacinos, entonces empezaríamos a mirarla más seguido, al grado que a nuestro Santo Toribio no le gustaría mucho.
El turismo de peregrinación es un destino que cada año mueve a millones de personas, a millones de turistas para ver a Notre Dame, Medjugorge, Jerusalén, Fátima, Guadalupe, etc. lugares que son para los católicos, como la Meca para los musulmanes o el Ganges para los hindú. Estos polos de peregrinación están cortejados por empresas que ofrecen sus servicios a los visitantes, tales como agencias de viaje, hoteles, restaurantes, artesanos de subvenir, guías, etc. y usualmente los gobiernos locales y nacionales financian la publicidad para que la máquina funcione, y evidentemente genere ingresos para la región y el país.
Las veces que he mencionado a la virgen del cerro la plata, a la que podríamos llamarle Madre del Aurora, porque antecede todas las mañanas al sol que surge atrás del Pahuarchuco; siempre han quedado cautivados y con viva curiosidad por conocerla, porque en el planeta entero, que yo sepa, no hay una virgen del tamaño y la perfección que la Madre del Aurora de Tayabamba, notablemente colocada en su altar natural azul con plata; y como todos sabemos, allí apareció, allí se formó, no intervino la mano humana.
Hablar de la Madre del Aurora de Tayabamba con fines de turismo de peregrinación aun es muy prematuro, por la falta de infraestructura imprescindible para la oferta turística; pero si espero encender una llamita en el corazón de las nuevas generaciones para que empecemos a hablar más de la Madre del Aurora, a mirarla más seguido, a pedirle algún favor; quizás ella personifica una nueva época que está surgiendo en el alma colectiva de Patáz, y mencionarle, represente nuestra modesta ofrenda.
Cuando Tayabamba este preparada para recibir visitantes de todas las latitudes, el nombre de Patáz surgirá inevitablemente como un destino turístico en la Libertad; pero entre tanto, nos toca a nosotros mantener vivo el rescoldo de nuestras tradiciones, de nuestro espíritu de las tayancas, de nuestra provincia de las patas y declives; o nuestros niños soslayarán nuestra generación por no haber dejado una impronta continuadora, nuestro aporte a la historia patacina.
Que la Madre del Aurora de Tayabamba nos ayude.

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