miércoles, 15 de abril de 2009

Wiracochapampa, una ciudadela enigmática

Por: Iván La Riva Vegazzo
Consultor en Turismo
ivanlariva@hotmail.com

Merardo y Juan dirigen a un grupo de jóvenes, y se han propuesto limpiar la maleza de los muros pétreos de esa ciudad preinca para ponerlos al servicio del turismo; evitando su deterioro y el colapso de los muros a causa de las raíces que se abren paso entre las piedras areniscas con las que están construidos. Ellos han conseguido instrumentos y herramientas para acometer, con entusiasmo, su filantrópica tarea. Trabajan bajo el sistema de la "republica", que es como se conoce por estos lares al trabajo comunal, rezago de la antigua y ancestral minka incaica.La historia de esta ciudadela no es clara y eso la hace enigmática. Charles Wiener la visitó en 1860 y menciona "…la ciudadela se levanta sobre una llanura nivelada con el mayor cuidado y uniforme como un vidrio. Las construcciones forman un conjunto que permite considerar todo el grupo de casas como un solo monumento,… sus paredes, que alcanzan hasta veinte metros de altura, tenían numerosos nichos y ventanas". Agrega el viajero francés: "No hay ninguna duda de que entre esos muros existían otrora vastas galerías y salas en tres pisos superpuestos". Las mensulas que sostenían esos pisos construidos en las paredes subsisten todavía.

El arqueólogo Jhon Topic sostiene que Wiracochapampa empezó a edificarse, "… pero la construcción no fue terminada y no hubo ocupación aparte para los obreros que laboraban allí". Este hecho hace más enigmática su función pues se desconoce la causa de su abandono. Topic confirma que Wiracochapampa es un sitio de filiación Huari en la zona de Huamachuco. Anota que la ciudadela se ubica a poca distancia de otros restos arqueológicos como Marcahuamachuco, Cerro Amaru y Cerro Sazón. Todos ellos están en contacto visual entre sí. Pese a que la mampostería de Wiracochapampa es distinta y su plano es más regular, los edificios de esta ciudadela se parecen mucho a los de otros sitios huamachuquinos. Esta enigmática ciudad se compone, casi en su totalidad, de galerías y corrales nichados dispuestos alrededor de patios. Puesto que la construcción de Wiracochapampa no fue terminada y que el sitio nunca fue ocupado, salvo por los obreros, no hay evidencias directas que indiquen el rol que las galerías y los corrales nichados iban a tener, ni de las actividades que en ellos se realizarían. Pero, por la semejanza compartida entre las formas arquitectónicas de otros sitios, como Marcahuamachuco, es de suponer que las galerías iban a servir como espacio doméstico y los corrales nichados servirían para la veneración de los huesos de los ancestros enterrados en los muros. Agrega el arqueólogo Topic que, si se acepta esta interpretación, no hay necesidad de considerar a estas construcciones como un sitio militar o administrativo, sino más bien como un centro ritual. Así, esta ciudad combina la veneración de los ancestros al modo huamachuquino con una organización trascendente del paisaje social probablemente traída de Huari (Ayacucho). Cabe destacar que, de todos los sitios de la cultura Huari en el Perú, Pikillacta en el Cusco es el más parecido a Wiracochapampa. Al adentrarnos en el laberinto de muros pétreos, varios detalles de esta imponente ciudadela llaman nuestra atención. Uno de ellos es recinto ubicado al lado de la Plaza principal construido con esquinas redondeadas, característica no encontrada en edificios similares de la región; también lo son las escalinatas aéreas o salientes que se aprecian en uno de los muros frente a la referida Plaza y cuya función desconocemos. Pero, sobre todo, es emocionante ingresar a Wiracochapampa por el Capac Ñam o el gran Camino Inca, cuyo trazo inicial se le atribuye a la cultura Huari, obra que los incas supieron reutilizar con mucho acierto. Merardo, Juan y su pequeño ejercito de jóvenes están hoy abocados en facilitar la visita a esta ciudad de tanta belleza, laberintos y enigmas. Gracias a sus anónimos esfuerzos podemos sentir el mensaje telúrico de la pasada grandeza de nuestros ancestros andinos. Ese sentimiento sin igual, sólo se puede sentir en ciudades antiguas y enigmáticas como Wiracochapampa.

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