Por: Alejandro Benavides Roldánpapeldevientoeditores@hotmail.com
Bien contaba Ricardo Palma que allá por 1627 (S. XVII) las monjitas Clarisas armaron tal barullo que puso a la iglesia y a Trujillo de puntillas, terminando por excomulgar al mismísimo Obispo, el célebre Don Marcelo Corne.
En 1786 (S. XVIII) cuando no aceptaron a su candidata a Abadesa, tomaron las calles en rebelión, desconociendo a su autoridad Provincial Franciscana, poniéndose bajo la férula del Obispo de Trujillo, al que un siglo atrás desconocieron y excomulgaron.
En el viejo Trujillo, el INC impide botar una pared, por inservible que resulte. Ejemplo: en el Jirón Bolívar, cerca al Teatro Municipal, existe una fachada llena de puntales y travesaños, que impide, hace varios años, el paso por vereda y pista. Seguramente las autoridades del INC no cambiarán sus herrumbrados criterios hasta que la pared mate a alguien o un peatón sea atropellado al sortear los puntales.

Frente al mismo Teatro, hace cuatro años, cayó una pared mientras trataban de reforzarla y mató dos obreros. En el jirón San Martín existen muchas casonas, que si en otra época fueron bellezas, hoy son puro cacana de gato y peligro al paso; han pasado las administraciones de Ludgarda Reyes y corre la de Sánchez Maura, sin resolver estos problemas. De las anteriores, más vale no hablar.
En pleno 2008 (S.XXI), las aguerridas Clarisas, entre que anocheció y no amaneció, sin importarles la monumentalidad del monasterio de Santa Clara, abrieron semejante boquete en el muros de la calle de Las Ánimas (Estete) e instalaron un enorme portón levadizo, con toda la modernidad automática, para ingresar sus relucientes cuatro por cuatro, y a ver si hay directorcillo de INC que diga esta es mi boca, porque o lo excomulgan o se pasan a la autoridad del Obispo, del Alcalde o del mismito Presidente. La tradición y los pantalones están de su parte.
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