Minería en PatazPor: Lucrecia Vidal Arias
El Tayabamba
En “Orfebrería Precolombina” del Dr. Luis E. Valcárcel (1), encontramos el párrafo que encabeza este ensayo. El Dr. Georg Petersen en “Minería y Metalurgia en el Antiguo Perú”, obra que según los arqueólogos Hermilio Rosas y Marcela Ríos, es la más completa sobre minería del Perú precolombino, señala a Pataz como uno de los centros auríferos de importancia trabajados por los Incas y peruanos de las civilizaciones pre incas. Otros autores como Von Hagen, aseguran que el oro de los mochicas fue adquirido en las tierras altas del Perú, y Aguilar Revoredo enumera, entre otros depósitos auríferos filonianos importantes laborados en la antigüedad, los de la citada provincia.
Para corroborar lo que los eminentes autores afirman, trataremos de analizar muy sucintamente la actividad minera en la provincia de Pataz hasta donde la tradición, apoyada por los mensajes que en aquellas tierras nos han dejado los antiguos peruanos, nos lo confirmen.
Veamos, en primer término, la cuotidiana diligencia minera de los pueblos de Pataz, Parcoy y Buldibuyo, destacando entre ellos Parcoy, cuyos habitantes, en su mayoría se dedican a este quehacer desde épocas que se pierden en la prehistoria. Como prueba de ello están, a la vista, los quimbaletes o bimbaletes o bambaletes, como llamaban los españoles a los aparatos que en Pataz toman el nombre de “molinetes de piedra”, que hasta ahora son utilizados como la herramienta principal de las rudimentarias instalaciones usadas para la extracción del oro de los minerales áureos de la que es pródiga la región.
Estos molinetes, artefactos líticos, inventados por los peruanos de las civilizaciones preincas, son morteros de dos piezas al estilo batán, cuya parte superior la mueven con los pies en un sistema de vaivén sobre la base fija, entre las cuales se tritura el mineral; fueron llamados también “Molinos del Inca” por los españoles. Los hay de variadas formas y tamaño, como los escribe el Dr. Petersen en su citada obra (2).Observando el trabajo minero, vemos que al iniciarse el proceso el mineral es despedazado a pulso con un martillo llamado comba, que en la actualidad es de fierro y antiguamente lo fuera de piedra, hasta alcanzar proporciones de media pulgada de diámetro, luego es colocado en el molinete para ser triturado y reducido a polvo, el que es mezclado con azogue y sustancias de planta del lugar tales como huayruncha, choloque y/o shirag, que tienen la finalidad de impedir que el azogue se corra, completando su acción el mineral. Los mineros nativos dicen que estos vegetales sirven para que el azogue no sea atacado por los minerales.
Terminada esta operación, el oro queda con el azogue en amalgama, liga que es filtrada en una manta denominada “choleta”. La “pella”, masa semisólida obtenida de la filtración, es sometida a la fundición lo que origina la vaporización del azogue y la recuperación del oro, que queda libre.
Este sistema de trabajo, de bajo rendimiento, capta aproximadamente el 30% del oro contenido en la mena, motivo por el cual los residuos sólidos, llamados “lamas”, son acumulados en grandes depósitos, que por lo general posee cada minero en las inmediaciones de sus respectivas viviendas, para dejarlo “madurar” hasta una nueva molienda.
La “maduración”, término empleado por el minero aborigen, es un proceso natural, que mediante el cual, con el tiempo, la humedad oxida el hierro y otros metales que forman parte de la mena, facilitando la trituración del mineral y la recuperación del oro, que no sufre variación alguna.
En cuanto al elemento humano de esta zona aurífera, vemos que es minero por ancestro y por costumbre, sobre todo el de Parcoy; allí el hombre vive de la minería, pues ésta es su primordial actividad desde que nace hasta que muere.
El aprendizaje de minero lo realiza el hombre de esta región desde pequeño, ayudando a sus mayores en las periódicas moliendas y preparándose así para aquilatar el metal, determinar la época precisa para una molienda y hasta calcular en la palma de la mano ahuecada el peso exacto de una cantidad de oro.
Durante la Conquista y el Virreinato, fueron muchos los aventureros que arribaron a la provincia en busca del codiciado metal, adoptando al principio el sistema que empleaban los nativos para la explotación del oro, tal como lo hicieron en otros lugares del Perú, como lo describe el ingeniero Carlos Basadre (3). Más tarde, y después que se descubrieron las minas de azogue de Huancavelica, posiblemente en Pataz utilizaron el procedimiento de amalgamación, como hicieron en Potosí para el beneficio de la plata.
Asimismo, es posible suponer que los peruanos de aquellas tierras conocían, ya en épocas remotas, el método de la amalgamación, empleando para ello el azogue que lograban obtener del cinabrio, cuyas menas existían en Buldibuyo como atestigua Cabrea La Rosa (4) y que utilizaban para la extracción del oro, procedimiento supuesto por Larco Hoyle (5), complementando la acción del azogue con sustancias de plantas del lugar, tales como shirag, huairuncha y otras, ya anotadas. Posiblemente el azogue traído del sur incrementó la minería en Pataz, en la época mediana y final del Virreinato.Parece igualmente que entre los mineros del Altiplano y los de Pataz, durante el Coloniaje, hubo cierto intercambio cultural y de tecnología minera, costumbres que hasta ahora se conservan nos hablan de ello; podríamos mencionar, entre algunas coincidencias, el culto a la Virgen de la Candelaria, cuya fecha se celebra el 2 de Febrero tanto en Oruro, ciudad minera del Altiplano, como en Collay, antiguo pueblo de Pataz, igualmente minero. Asimismo, en una de sus leyendas, Alfonsina Barrionuevo (6) describe el origen de la “diablada” de Oruro, conjunto muy similar a “Los Diablos” que se presenta, en homenaje a Santo Toribio de Mogrovejo, en la ciudad de Tayabamba, con motivo de su fiesta patronal.
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