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Intrigado por conocer los dominios legendarios del mítico Chaparri, vencedor de su hermano Yanahuanca al cobrarle la afrenta que éste le infringiera por raptar a la bella Collique, su esposa; viajé hasta sus territorios de la actual Chongoyape en la región premontana de Chiclayo.
No pude tener mejor anfitrión que mi buen amigo, don Juan de Dios Carrasco uno de los lideres de la Comunidad campesina de “Santa Catalina de Chongoyape” propietaria de una gran territorio que se ha convertido en una de las mejores áreas de protección para los bosques secos, con una extensión de 34,412 hectáreas, hogar de una gran variedad de vida silvestre, incluyendo muchas especies endémicas y amenazadas como el oso de anteojos, conocido también como Ucumari, el cóndor andino, la pava aliblanca, el zorro costeño, el guanaco, el venado, además de las doscientas veinte especies de aves.
La reserva debe su nombre a la espectacular montaña llamada Cerro Chaparrí que domina el paisaje. Está montaña fue considerada sagrada por la cultura Mochica y lo sigue siendo para los shamanes de todo el Perú. Adicionalmente Chaparrí es un centro de investigación científica dedicado a los ecosistemas del bosque seco y a las especies que lo habitan, pues esta es una eco región única en el mundo.
Aquella soleada mañana, que se presentaba muy apta para caminar entre cardos, cactus gigantones, árboles de algarrobo, faiques, “palo santo” y “cabo verde” que por esta época lucen hermosas flores amarillas, iniciamos el recorrido visitando el taller de artesanía, valor agregado que posee el proyecto, cuyo local está ubicado en la misma comunidad, a diecisiete kilómetros del ingreso al bosque.
Es muy meritorio el trabajo de los comuneros de poner en valor turístico un territorio donde hace años ellos mismos lo calificaban como “las tierras que no valen nada”. Hoy, estos territorios de rica e interesante flora y fauna acogen al visitante a través de senderos muy bien trazados y señalizados, con frescos paradores, muestras fotográficas, centro de interpretación, además de una zona de alojamiento y alimentación increíblemente bella.
Los principios del ecoturismo están muy presentes en Chaparri. Es muy gratificante caminar entre aves que nos acompañan con sus trinos. Anima mucho ver, en su propio hábitat, a los zorros y venados acercándose a saludarnos sin el mayor temor. Una experiencia única fue apreciar a los osos de anteojos subidos en los árboles gozando de absoluta libertad; otros estaban siendo preparados para regresar a esa vida silvestre d
En el bosque no todo es seco. Los manantiales llenos de pececitos cumplen con su misión de proveer el líquido elemento para lograr el equilibrio que necesita este privilegiado ecosistema. Todos nacen al pie de los higuerones, un árbol cuya presencia es sinónimo de existencia de agua. La frescura de sus imponentes ramas y la de los árboles de mango, convierten a estos lugares en idílicos oasis para el disfrute de los agotados viajeros.
Mi caminata apreciando el mensaje laborioso de las hormigas y las abejas que producen la “miel de palo”, cruzando
He reservado estas últimas líneas para rendir homenaje a un hombre, que junto a otros de la comunidad de Santa Catalina, han hecho posible este “milagro del bosque seco”; mi buen amigo Juan de Dios Carrasco quien nunca pisó una universidad en búsqueda de una profesión, aunque ahora asiste a ellas invitado a dar conferencias. Nunca leyó textos doctrinarios de turismo, pero comprende y aplica los principios rectores del turismo sostenible. Nunca pensó vivir de aquella “tierra que no vale nada” pero hoy ésta es la mayor fuente de ing
resos, para él y sus socios. Nunca escucho hablar de “capacidad de carga” pero sabe que solo cuarenta visitantes al día puede soportar el bosque, caso contrario se desequilibraría el ecosistema.Juan de Dios, es de aquellos peruanos que hoy saben convivir con la naturaleza y vivir de ella. Sabe, mejor que cualquier docente universitario, que el turismo es una verdadera fuente de riqueza natural y espiritual. Su sensibilidad por la naturaleza ya quisiera yo que la tengan mis alumnos. No cabe duda que existe la “universidad de la vida”, en la que Juan de Dios es uno de sus catedráticos, Chaparri su aula y yo pretendo ser su alumno aplicado.
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