lunes, 23 de noviembre de 2009

Los Rasgos Temáticos de “Cenaremos en Madrid” de Gerson Ramírez

Por: Juan Villacorta Vásquez

Mario Vargas Llosa, en “El viaje a la ficción”, un ensayo sobre la narrativa de Juan Carlos Onetti, pondera el fundamental papel que siempre ha cumplido el contador de historias desde que aparecieron los seres humanos sobre la faz de la tierra. Ese ser, hombre o mujer, que sueña o comunica sus sueños a los demás para que sueñen al unísono con él o con ella, y que ha sido llamado indistintamente, en las diferentes etapas de desarrollo de la sociedad la cultura y la humanidad misma, como brujo, sacerdote, hechicero, curandero, chamán, profeta, rapsoda, etc., hasta llegar a las civilizadas y occidentales formas denominativas de narrador, cuentista y novelista. Pero, ¿en dónde o en qué radica esa atribuida importancia? O, lo que es lo mismo, ¿por qué los hombres y las sociedades le dan cabida y valor a esos seres que cuentan historias que no son estrictamente reales?
Mario Vargas Llosa, en su mencionado libro, como en otros de sus escritos (por ejemplo en La verdad de las mentiras, El lenguaje de la pasión, El hablador y Cartas a un novelista), considera varias razones para sustentar su planteamiento valorativo reseñado anteriormente, partiendo del irrefutable reconocimiento de determinados rasgos consustanciales al hombre mismo: el natural y ferviente deseo que siempre ha tenido de utilizar la imaginación para huir de la precaria, impuesta y monótona existencia cotidiana; la irrenunciable actitud de insubordinación permanente que tiene sobre la sociedad, la vida y sobre sí mismo; la búsqueda de la perfección y de la plena realización ante la clara conciencia de su naturaleza imperfecta e inacabada; el deseo de proyectar imaginativamente un futuro distinto, mejor, más pleno y dichoso, donde se halle liberado de lo que lo atormentó o atormenta actualmente y esté, más bien, rodeado de aquello que le dé placer y felicidad; el inevitable afán por develar los misterios y complejidades –los demonios, en palabras de Vargas Llosa– de su propia naturaleza humana; el anhelo sentido de justicia, reconocimiento y redención ante una sociedad desigual, insensible y llena de adversidades, etc. Los contadores de historias son, pues, importantes y fundamentales por éstas y otras razones más. Porque con el vuelo imaginativo que tienen para construir lo que cuentan mantienen encendida la llama de la esperanza, de la fe y el futuro.
Los contadores de historias son los que cuentan y comunican sus sueños a los demás, y esos sueños son producto de su prolífica imaginación, la misma que es irrigada en todo momento por sus propias vivencias y las de sus congéneres. Y esa imaginación, como dice Gastón Bachelard, no siempre es la facultad de formar imágenes; es más bien la facultad de deformar las imágenes suministradas por la percepción y, sobre todo, la facultad de liberarnos de las imágenes primeras, de cambiar las imágines. Es decir, de construir un mundo irreal, paralelo, virtual, posible, alternativo, con seres y relaciones distintas, peores o mejores, al que estamos acostumbrados forzadamente a soportar y sufrir, en el cual la vida sigue una lógica del azar, del poder y de la injusticia.
Bajo estas premisas, vamos a esbozar algunos rasgos más destacados que se presentan en los sueños y las imágenes que nos viene a comunicar este contador de historias, Gerson Ramírez, quien acaso obedeciendo a ancestrales y ontogénicas motivaciones nos reúne en esta ocasión para compartir sus dieciséis nuevas historias que las presenta bajo el título de Cenaremos en Madrid y otros cuentos.
Las historias que nos cuenta Gerson Ramírez son sencillas, llanas, lineales, siguen una secuencia narrativa de fácil acceso, con excepción de la inclusión muy precisa y reducida de algunos monólogos interiores en cuatro de ellas(Bostezo, Pobres tus plomos, Cenameros en Madrid y Las manos); en general, además, están construidas en un nivel narrativo intradiegético, que resalta o focaliza el argumento y la intriga que subyace más que el lenguaje, el narrador mismo o ciertos sucesos externos o ajenos a las propias historias; no se percibe en ellas ni abuso del diálogo ni de las descripciones, prevalece el relato envolvente, el dinamismo narrativo y, asimismo, el estilo directo, sentencioso; por otro lado, la mayoría de ellas presenta un narrador testigo-omnisciente, otras pocas el narrador protagonista, lo cual sirve para la toma de una posición testimonial del autor.

En lo que respecta a los rasgos o elementos temáticos preponderantes de las historias de Gerson Ramírez en Cenaremos en Madrid y otros cuentos, que configuran esos sueños e imágines de su universo narrativo, podemos decir, en primer lugar, que casi todos ellos se enmarcan dentro de un contexto signado por un conjunto de añoranzas más persistentes, de ciertas evocaciones asociadas a circunstancias percibidas o vividas que provocaron alguna conmoción emocional o intelectual en el autor(o para ser más precisos, en el contador de esas historias). Allí están, por ejemplo, el cuento “Amigos” en el que sobresale como elemento temático el primer amor, los primeros deseos sexuales, los lances amorosos iniciales, con su inocencia, sus aventuras y desventuras, etc.; “Chicha”, en el que destaca el amor filial, pero con una dosis de brutalidad; “Pobres tus plomos”, también desarrollado sobre la base del amor erótico, carnal, desenfrenado y desleal; “Las manos”, cuyo argumento gira en torno a lo escabroso que encierra el amor traicionado, la deslealtad vengada con la muerte. En fin, el elemento temático que articula este grupo de historias es el amor, y es lo que ha impactado al contador de historias y lo presenta en una relación contrastiva muy marcada: inocencia-amor-deslealtad-muerte o desamor, que es lo mismo. En segundo lugar, creemos que varias de las historias relatadas sirven para dar cuenta de una visión de ciertos hechos o tipos de relaciones humanas; es decir, que otros dos de los elementos temáticos que sirven para bosquejar las imágenes de la narrativa de Gerson Ramírez son, por ejemplo, la convivencia y el matrimonio. Así, en “La otra orilla” se presenta a la atracción y unión carnal de la pareja casi por instinto, sin compromisos ni razones, sin protocolos ni romanticismo, intenso, fugaz y casi absurdo; en “BB… que te vas” la unión conyugal como realización inexplicable y contra todo pronóstico, contra la razón y contra uno mismo; en “Honestidad”, el trabajo del elemento temático del matrimonio como una metáfora de la pérdida de las libertades del hombre, como el sacrificio que tiene que asumir inexplicablemente ante las convenciones sociales; en “Peoncito”, la unión conyugal como un riesgo, como una tentación abierta y en la que nada está seguro, donde campea la infidelidad y la venganza iracunda a la que conlleva. Es decir, pues, que tranquilamente, a partir de la forma como son presentados y desarrollados estos elementos temáticos de la unión conyugal y el matrimonio, por parte de los protagonistas dentro de las historias, se puede reconstruir una ideología o perspectiva teórica del matrimonio que, de seguro, está subsumida en las historias que nos cuenta Gerson Ramírez. Esto ayudará a comprender mejor su universo narrativo, pero al mismo tiempo, ha de servir para que podamos reconstruir la propia visión que tenemos los hombres de esta época sobre el amor y el matrimonio, realidades humanas y elementos temáticos que siempre han rondado la literatura, la filosofía y la vida misma. El amor y el matrimonio, hechos que han generado una serie de pasiones y sinsabores a los hombres de todos los tiempos y que han servido, como a Gerson, para escribir sobre ellos, pues él sabe, como el propio Mario Vargas Llosa, que la literatura es lo mejor que ha inventado el hombre para defenderse contra el infortunio.
Alianza Francesa de Trujillo
19 de noviembre de 2009

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