(ANDINA).- Manchay en quechua significa “miedo”, “susto”, “sobresalto”. Pero los vecinos manchainos hoy se sienten orgullosos de esta localidad del distrito de Pachacámac, marcada por la extrema pobreza, donde el mundo ha puesto sus ojos desde que ayer La teta asustada, de Claudia Llosa, fuera nominada en la categoría a Mejor Película Extranjera a los premios Oscar.El párroco José Chuquillanqui, quien trabaja desde hace 14 años aquí, comenta que “los signos de muerte se han superado en Manchay” y la nominación a los premios Oscar “es una caricia de Dios; un premio a la esperanza de este pueblo”.
Manchay es un producto de los años de la guerra interna, recuerda. Aquí llegaron mayormente los desplazados de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac. Hay muchos quechuahablantes. Pero, Chuquillanqui explica que los manchainos, sobre todo las mujeres, han traído también valores del mundo andino, como el trabajo comunal o minka, que les permite hacer obras en conjunto y superarse.
“El éxito de la cinta es un estímulo para nosotros, porque ha contribuido en la autoestima de los pobladores, ahora la gente ya no tiene vergüenza de decir dónde vive. Lo que debemos de hacer es que Manchay alcance también los Oscar en valores, empuje, progreso, lucha contra la violencia”, comenta el religioso.
Manchay, set de filmación
Ayer, cuando la Academia anunció en Los Ángeles a La teta asustada entre los nominados al Oscar, en Manchay hubo fiesta. “¡El Oscar es de Manchay!”, repetían los vecinos en el anfiteatro de Portada de Manchay-Ampliación, el mismo escenario donde en 2002 los entonces candidatos a la alcaldía de Lima, Luis Castañeda Lossio y Alberto Andrade, debatieron.
Aquí también se filmó parte de la cinta. A tres cuadras vive Roberto “Francesca” Veja, voleibolista que fue llamado a ser extra, un peluquero en la ficción.
Recibió 30 soles por su participación y recuerda el buen clima que se vivió cuando hace dos años en todo Manchay se hablaba de la llegada de “unos gringos” (el equipo de Llosa) que estaban filmando una película sobre una chica llamada Fausta Isidora Janampa Chauca, que sufría ese mal llamado de la “teta asustada” y que quería enterrar a su madre.
De vendedores a actores
Muchos de los actores se vieron en el ecran en marzo del año pasado cuando Llosa, como muestra de agradecimiento, estrenó en la plaza de armas de la ciudad de Manchay su cinta. Otros extras no pudieron ir a la función y sólo la vieron al tiempo en devedé pirata.
Al costado de la plaza se encuentra el Mercado Central Virgen del Carmen, el más grande de Manchay y del distrito de Pachacámac, con sus más de 200 puestos. Aquí se filmó la secuencia de la boda que hay en La teta... y los extras fueron algunos vendedores.
Todavía se ríen de recordar que el chancho, vivito y coleando, se escapó y tuvieron que perseguirlo para la escena. Y justo ese día hubo un viento que se encargó de esparcir los bocaditos varias veces. Sara Dueñas vende pollos desde hace 16 años aquí y estuvo en la escena, bailando al ritmo de Los Destellos. Dice que rodaron todo el día y ganaron 20 soles. Ese día, el patio del mercado se convirtió por primera y única vez en el escenario de un matrimonio al estilo andino.
María Bustíos, presidenta de la asociación del mercado, también fue extra. Dice que se sienten felices del éxito de la cinta. Apoyaron desinteresadamente a la filmación, pero si alguna vez la directora quiere hacer algo por ellos, que ponga un recuerdito en el mercado, nada más.
Los vendedores y extras de La teta asustada, Julio Atúncar, Olga Murga y Elia Huamaní, aprovechan los micrófonos para decir que sería bueno que a este mercado de 16 años le den sus títulos de propiedad.
David Lemote y Edwin Allccaco son dirigentes de Manchay. No participaron de la cinta, pero también aprovechan de la alegría de la nominación, para recordar que esta población de gente chamba agradece que “este gobierno se acordó de nosotros y nos puso agua, pero nos falta aún trabajo, títulos de propiedad”.
Enseñanzas de La teta
En el patio y la casa de la señora Vilma Tapia, en la zona llamada “Tres Marías”, hay algunas pinturas y unos muebles, que recuerdan que esta casa sirvió de locación para la mayoría de las escenas. Ella misma y su vecina, María Luz del Pinar, se convirtieron en actores secundarios de la noche a la mañana. Aquí ensayaban, grababan y dormían durante dos meses el equipo. Como el padre Chuquillanqui, la señora cree que ha ayudado sobre todo a elevar la autoestima del poblador de Manchay.
Para el párroco, el filme refleja qué tan importante es que padres y madres alimenten desde la concepción a sus hijos con valores y alegría, vida o muerte. Dice que aquí, en Manchay, todavía se puede ver el trauma que dejó las secuelas de la guerra interna. “Hay un trabajo de muchas organizaciones por la reparación material de los violentados en la guerra que tuvimos; pero nos falta ver el tema emocional porque, tarde o temprano, esa situación saldrá a relucir”.
Chuquillanqui dice que le echa una mano a la oración a Dios para que en marzo, La teta pueda alcanzar el Oscar y el premio se recibirá en Manchay a lo grande, pero con mucha humildad.
1 comentarios:
¿Por qué le subió la autoestima a los manchainos?
La Llosa y su equipo son limeños. ¿Ha subido la autoestima de este pueblo porque ha visto en película hasta que punto ha sido fregado?
Ayer salió un programa que explicaba como este pueblo, exaltado por unos días, se ha quedado en la misma pobresa y subdesarrollo de siempre.
El Oscar no ha sido por los logros de los manchainos. ¿O sí?
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