Roxana Aguilar Velarde.Psicóloga
raguilarvelarde@gmail.com
Escucho a los padres o a maestros preguntar con intensa inquietud ¿Por dónde empezamos? No es fácil la tarea, mas aun en los contextos de pobreza que muchos sectores viven, pobreza que alimenta la violencia y otros problemas sociales, contextos donde el juego es contra sí mismos.
No hay recetas, pero la ciencia de la conducta humana aporta principios básicos a tomar en cuenta para la necesaria educación de la convivencia:
- La familia favorece que el niño aprenda el valor del propósito común. Las actividades y decisiones tomadas entre todos, la formulación de planes comunes, el apoyo al interés general o el bien común, apoyan este aprendizaje. Este no es posible sin el ejercicio de la tolerancia que como todo valor se aprende del ejemplo.
- En la familia se aprende el manejo de la agresividad. Las personas desde que nacen deben ser enseñadas a auto regular el impulso, aprender a no agredir, física y psicológicamente a los demás seres humanos. La agresión está asociada a la fuerza y puede ser mejor aprovechada sin perder de vista el amor y la compasión por el otro. Esto implica que los adultos respeten a los niños y niñas y se respeten entre sí.
- En la familia se desarrolla el protagonismo del niño y la niña y éste los autoafirma y da seguridad. El protagonismo se logra a través de la comunicación, cuando los niños pueden expresarse y son escuchados. Para que sea esto posible la familia debe conversar, dialogar expresar, comprender, aclarar, discrepar y llegar a acuerdos.
- En la familia se desarrolla el sentimiento de Pertenencia. Empezando por el conocimiento de su cultura, su familia, su entorno. La pertenencia vincula a la persona a su historia y a su vida cotidiana y le da sentido de identidad y autoconcepto, el cual está orientado en tres direcciones: echar a andar sus potencialidades, sentirse útil para los demás y sentirse digno y merecedor de aprecio. Esto es posible si el niño y la niña crecen en su familia.
Urge educar para la convivencia, he elegido unos primeros principios para abrir el diálogo, conocer sus inquietudes y preguntas al respecto y con ello favorecer el propósito que nos anima, tener un espacio de formación para la participación ciudadana desde la familia. (Los martes tendremos un artículo de la especialista).
No hay recetas, pero la ciencia de la conducta humana aporta principios básicos a tomar en cuenta para la necesaria educación de la convivencia:
- La familia favorece que el niño aprenda el valor del propósito común. Las actividades y decisiones tomadas entre todos, la formulación de planes comunes, el apoyo al interés general o el bien común, apoyan este aprendizaje. Este no es posible sin el ejercicio de la tolerancia que como todo valor se aprende del ejemplo.
- En la familia se aprende el manejo de la agresividad. Las personas desde que nacen deben ser enseñadas a auto regular el impulso, aprender a no agredir, física y psicológicamente a los demás seres humanos. La agresión está asociada a la fuerza y puede ser mejor aprovechada sin perder de vista el amor y la compasión por el otro. Esto implica que los adultos respeten a los niños y niñas y se respeten entre sí.
- En la familia se desarrolla el protagonismo del niño y la niña y éste los autoafirma y da seguridad. El protagonismo se logra a través de la comunicación, cuando los niños pueden expresarse y son escuchados. Para que sea esto posible la familia debe conversar, dialogar expresar, comprender, aclarar, discrepar y llegar a acuerdos.
- En la familia se desarrolla el sentimiento de Pertenencia. Empezando por el conocimiento de su cultura, su familia, su entorno. La pertenencia vincula a la persona a su historia y a su vida cotidiana y le da sentido de identidad y autoconcepto, el cual está orientado en tres direcciones: echar a andar sus potencialidades, sentirse útil para los demás y sentirse digno y merecedor de aprecio. Esto es posible si el niño y la niña crecen en su familia.
Urge educar para la convivencia, he elegido unos primeros principios para abrir el diálogo, conocer sus inquietudes y preguntas al respecto y con ello favorecer el propósito que nos anima, tener un espacio de formación para la participación ciudadana desde la familia. (Los martes tendremos un artículo de la especialista).
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