martes, 2 de septiembre de 2008

Familia y participación ciudadana (2ª parte)

Roxana Aguilar Velarde.
Psicóloga
raguilarvelarde@gmail.com





Escucho a los padres o a maestros preguntar con intensa inquietud ¿Por dónde empezamos? No es fácil la tarea, mas aun en los contextos de pobreza que muchos sectores viven, pobreza que alimenta la violencia y otros problemas sociales, contextos donde el juego es contra sí mismos.

No hay recetas, pero la ciencia de la conducta humana aporta principios básicos a tomar en cuenta para la necesaria educación de la convivencia:
- La familia favorece que el niño aprenda el valor del propósito común. Las actividades y decisiones tomadas entre todos, la formulación de planes comunes, el apoyo al interés general o el bien común, apoyan este aprendizaje. Este no es posible sin el ejercicio de la tolerancia que como todo valor se aprende del ejemplo.
- En la familia se aprende el manejo de la agresividad. Las personas desde que nacen deben ser enseñadas a auto regular el impulso, aprender a no agredir, física y psicológicamente a los demás seres humanos. La agresión está asociada a la fuerza y puede ser mejor aprovechada sin perder de vista el amor y la compasión por el otro. Esto implica que los adultos respeten a los niños y niñas y se respeten entre sí.
- En la familia se desarrolla el protagonismo del niño y la niña y éste los autoafirma y da seguridad. El protagonismo se logra a través de la comunicación, cuando los niños pueden expresarse y son escuchados. Para que sea esto posible la familia debe conversar, dialogar expresar, comprender, aclarar, discrepar y llegar a acuerdos.
- En la familia se desarrolla el sentimiento de Pertenencia. Empezando por el conocimiento de su cultura, su familia, su entorno. La pertenencia vincula a la persona a su historia y a su vida cotidiana y le da sentido de identidad y autoconcepto, el cual está orientado en tres direcciones: echar a andar sus potencialidades, sentirse útil para los demás y sentirse digno y merecedor de aprecio. Esto es posible si el niño y la niña crecen en su familia.
Urge educar para la convivencia, he elegido unos primeros principios para abrir el diálogo, conocer sus inquietudes y preguntas al respecto y con ello favorecer el propósito que nos anima, tener un espacio de formación para la participación ciudadana desde la familia. (Los martes tendremos un artículo de la especialista).

0 comentarios: