martes, 21 de julio de 2009

La Iglesia de Santa Ana

Por: Lic. Javier Enrique Rodríguez De Bracamonte.
Javier.de.bracamonte@gmail.com

Mucho se ha dicho acerca de la antigüedad de la iglesia que es motivo de estas líneas. Lo cierto es que no fue la primera ni la segunda que se construyó en la virreinal Truxillo del Perú, tal y como lo señala en su testamento M. Estete, quien se encargó del trazado a cordel de la ciudad y que se mantiene hasta nuestros días. Sin embargo, la abandonada iglesia del barrio de los aguadores y cazadores de perros vagos -como era conocido el Jirón que hoy llamamos con el nombre de Zepita-, guarda una interesante historia que bien vale la pena desempolvar.
Una de las primeras características que hay que señalar y que la diferencian de las demás iglesias ubicadas en intramuros, es que fue edificada para que los indígenas que habitaban la ciudad, tuvieran un lugar cercano a sus viviendas en donde practicar el culto católico implantado por los españoles, quienes los consideraban inferiores o sub hombres y no podían “mezclarse” con ellos. Otro aspecto a tener en cuenta, es que el párroco a cargo cumplía roles evangelizadores, situación distinta a quienes oficiaban misa y otros rituales para los europeos fundadores de Trujillo.
Precisamente, con ese afán evangelizador decidieron que las exequias del Cacique Caja Zimzim, bautizado con el nombre de Martín, se realizaran de acuerdo a las normas cristianas, creyendo así, que impondrían esta práctica entre los indios de clase inferior, dejando de lado sus costumbres ancestrales como la de enterrase en huacas “más cerca de sus dioses”. Cabe señalar que este método se repitió también, cuando producto de la peste que asoló la ciudad, se ordenó que los entierros, tanto de españoles, criollos e indígenas, ya no se hicieran en las capillas ni en los atrios de las iglesias, sino en cementerios ubicados en extramuros. Conforme a lo previsto, el entierro del Cacique Chimú se realizo en la Iglesia de Santa Ana, ante la negativa de los indios que poco podían hacer para impedir lo que consideraban un atropello o una ofensa para ellos y sus apus. Pero al anochecer, una vez culminado el rito cristiano, los súbditos del Señor Chimú entraron sigilosamente al templo y exhumaron el cuerpo, llevándolo a enterrar conforme a sus usos y creencias en un lugar secreto en las entrañas de la mítica Chan Chan, donde quizá esté hasta hoy, ya que no se supo más de aquel suceso.
Actualmente, Santa Ana alberga pinturas del barroco y piezas escultóricas de muy buena factura, algunas en madera y otras en yeso, que resaltan en una construcción abandonada y que requiere de una urgente restauración, ya que es la única en su tipo en el Centro Histórico y forma parte de la historia -y como lo acabamos de exponer- de la, poco a poco, olvidada tradición trujillana.

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