Por: Hugo Augencio González AguilarMiembro del CD la FUNDÉU BBVA, España
hugo_augencio@hotmail.com
Marco Antonio Corcuera ha sido un promotor incansable de la cultura. Organizó, junto con Malaver, el Premio Poeta Joven del Perú a través de Cuadernos Trimestrales de Poesía. Sin embargo, no ha sido revalorado como poeta, que es lo que nosotros pretendemos actualizar a través de la crítica de sus dos poemarios que consideramos más importantes.
Al poeta Corcuera lo han considerado dentro de la poesía nativista. Esta poesía ha tenido altos valores en nuestro país como José Varallanos, Luis Nieto, Mario Florián, y por su puesto, Marco Antonio Corcuera.
La poesía nativista sale del mismo pueblo a través de la voz del poeta. Ese pueblo (de la sierra o las alturas) que siempre ha sido postergado, olvidado, donde el futuro es la sobrevivencia y la lucha constante con la naturaleza; mejor dicho la convivencia, la armonía, la simbiosis entre el hombre y su medio ambiente: la flora, la fauna, etc.
En consecuencia, comentamos dos de sus poemarios más representativos, según nuestro criterio: “Semilla en el Paisaje”, y “Los Aires del Alhelí”. Esto no significa que sus demás textos sean menos importantes, de ninguna manera; no olvidemos que la crítica está para actualizar el texto literario o poético.
“Los Aires del Alhelí” es un solo poema compuesto por sonetillos de rima consonante. Lo más impresionante es que encontramos, al final de cada sonetillo, dos versos tomados de una copla popular.
Los sonetillos están compuestos por octosílabos. Este poemario muestra armonía en su fondo y forma (hablando didácticamente, porque el poema es único y no tiene tal separación, según Barthes).
En su temática muestra ternura, picardía, nostalgia, arrobamiento, desengaño, a decir de Washintong Delgado. Pero se aprecia mayormente la ternura y la picardía; la ternura expresada como amor duradero y muy unido. Nos sorprende la personificación de la paloma, que simboliza a la mujer: “Ten en cuenta lo sufrido/ ¡Paloma dame tu mano/ para subir a tu nido!... Abanica en tu cola/ este corazón herido/”.
Aquí la ternura no es solo por la amada, también es por la paloma, por eso le da cualidades humanas (la personifica). La nostalgia o el desamor no llegan a la melancolía, a la tristeza profunda porque ya se ha vivido: “me has querido, te he querido, / me olvidaste te olvidé; / ahora nada te pido”. Pero lo que más prevalece es la ternura, el amor que rompe las barreras espaciales, temporales; el amor vence a la nostalgia: “Aquel que quiera arrancar/ tu amor de mi pensamiento, / trabajo le ha de costar/… cuando amar es lo primero/ hace que la vida esboce/ por amor, amor que quiero… Nunca fuiste una cualquiera, / fuiste mi dueña, mi altar…”
La picardía que arranca una sonrisa hasta a los malhumorados, se muestra en varios aspectos: en el campo amoroso o religioso: “Qué deliciosa cuñada/ a quien mi suegra aconseja/ que llegue, como ella, a vieja/… la mantiene cerrada/… pero es cosa comprobada/ que de eso nadie lo aleja. / Su madre muy enojada… le da con el rabo de oveja; / ella quiere ser honrada/ pero el rabo no lo deja”.
“Mi garganta no es de palo/ ni hechura de carpintero; / estas cosas que señalo… No se compran con dinero. / ¡Si deseas un regalo, / deja probarte primero!”.
“Vivaracho pajarillo… lleva en su pico un anillo/ y en un aleteo lento/ lo dejará en el altillo… de las monjas del convento, / que ya cantan estribillo/ con el pajarito adentro”.
Además existe la revaloración de las costumbres a través del trabajo colectivo y la admiración al buey que desempeña buena labor, el nombramiento al trigo, etc.
“¡Chicha quiero! ¡Chicha busco! Tomada de los mangueros con ella afina el gusto… van verdeando los cerros y el trigo crece robusto. ¡Por ella son mis desvelos! “
………………………………………………………………………………………………
“He visto volar un buey/ con una carreta al hombro; / de todos, hombro con hombro, / don Sebastián es el rey… En la siembra del Manuel: / deshierbo de trigo turco; / con esa mirada fiel… avanza de surco en surco…”
“Semillas en el Paisaje” se diferencia de “Los Aires del Alhelí”, porque le falta la picardía, la sátira. Tienen en común la compenetración o la relación del hombre con su medio ambiente, con su tierra, las plantas y los animales. Aunque esto se puede notar con más amplitud y profundidad en “Semilla en el Paisaje” que se compone de tres partes: CANTOS compuesto por diez poemas; NATURALEZA formada por flora y fauna; y una última parte de tres poemas en prosa: trigo, cebada, maíz.
En CANTOS (la primera parte del texto) predominan los cuartetos, hay algunos tercetos; la rima es variada. Los versos son de arte menor. En CANTOS se ve la esperanza, las mejoras del hombre del campo: “Golpecito de agua/ suena en mis oídos/ trae tu caricia/ tiéndele en mi trigo”. También vemos lo trágico: la muerte del campesino: “Trabajó su barbecho con espalda mojada/ por la lluvia serena/ que caía el alba,… Hasta que ya no puedo/ sostener la tarea; esa tarde la niebla/ envolvía la tierra. Nadie juntó su rostro/ ni cerró sus pupilas;/ el tuco malagüero/ oteaba en las esquinas./ El sol al otro día/ alumbró como siempre; los animales eran/ los que hacían de gente./ El cholito Vicente/ se fue un domingo de Ramos./ El compadre Manuel/ lo llevaba en sus brazos”.
El hombre está arraigado en la tierra, allí siembra, trata de sobrevivir, se desarrolla y muere junto a sus esperanzas, alegrías y sufrimientos.
La segunda parte “NATURALEZA” compuesta por “flora” y “fauna” predominan las estrofas de siete versos con rima variada. El lenguaje es fluido como su poemario anterior “Los Aires del Alhelí”. En “Flora” resalta la belleza, los misterios, la utilidad de las plantas desde el “tomatito cimarrón/ alimento de culebra” / hasta el “Taure de mayo, sencilla/ planta de amor y romance…” Las plantas conviven con el hombre. Se benefician ambos. Las primeras tienen el milagro o poder de curar como el Llantén, la Suelda-suelda, etc.; y el hombre las cuida y las respeta.
En “Fauna” todos los animales son considerados, porque para el poeta no existe ninguno que sea menos, es más sus nombres los escribe con mayúsculas, para él dejan de ser nombres comunes, son propios. Desfilan desde el “Grillo monocorde, opaco,/ canillón y testarudo” hasta el “Pichichío” el “Pica señor”. También los animales tienen su labor y están en convivencia armónica con el campesino porque forman parte de su vida, de su medio ambiente.
Por último, en los tres poemas en prosa: trigo, cebada y maíz, se resalta la utilidad de estas semillas que sirven al hombre para sus sustento, por eso el poeta tiene delicadeza al nombrarlo, porque son como él o tienen sensibilidad: “Trigo… inquieto… Eras hermano trigo, dócil criatura mandada por la lluvia… nunca apartes tu cariño de mi lado.”
“Tú cebada pobre, campesina… hemos crecido juntos tantas veces desde la siembra a la cosecha”.
“Maíz tú llegas desde el aire y desde el suelo, eres como un hermano…”
“Los Aires del Alhelí” y “Semilla en el Paisaje” expresan la armonía entre el hombre del campo y su entorno: la flora, la fauna, la tierra, etc. Ambos poemarios expresan las vivencias, las alegrías, las tristezas del hombre andino postergado, que se hace escuchar a través de la voz del poeta Corcuera en un lenguaje fluido. El poeta es el vocero colectivo que no se desliga del lenguaje para universalizar al hombre andino junto a su tierra con todo su cumulo de sentimientos, esperanzas, picardías, ternuras; todo un mundo de muchos temas.
En consecuencia, ha aportado al mundo literario de la región y del Perú interpretando al hombre y su existencia desde su perspectiva personal.
0 comentarios:
Publicar un comentario