viernes, 10 de octubre de 2014

Sin Conga por el buen vivir


Por Pedro Francke
Los resultados electorales del domingo pasado muestran un claro respaldo a la lucha de los pueblos por defenderse de la contaminación minera. No solo es el triunfo del MAS en la región de Cajamarca y del líder rondero Edy Benavides en Bambamarca, que han destacado en hacer frente al intento de Yanacocha de hacer Conga matando 4 lagunas, 2 de ellas solo para llenarlas de relaves. 
También están las victorias del Frente Amplio en Cocachacra y de Richard Alen en la provincia de Islay haciendo frente a Tía María, del MAS en Huancabamba (zona de resistencia al proyecto minero Río Blanco – Majaz), de José Gaspar en Cañaris (de Tierra y Libertad elegido por el movimiento local Pulla Kañarispaq) y la enorme votación muy por encima de los demás candidatos (duplica al que le sigue) de Oscar Mollohuanca en Espinar y Chumbivilcas. 
Quienes quieren una minería como sea, aunque contamine y abuse de los pueblos, bien podrían respetar esta soberana voluntad del pueblo. Pero no. Insisten ahora, quienes defienden esta minería que ha intentado corromper e imponerse, en que el crecimiento económico se viene abajo por culpa del “electarado antiminero”. Mentira. Falso. 
El crecimiento ya se vino abajo por la mala política económica de Castilla, que ahora continúa Segura insistiendo en un modelo neoliberal extractivista que no es sostenible. 
Esa política es la causa de que la industria peruana haya retrocedido en 5 por ciento este año y que esa caída llegue al 20% en rubros importantes como las confecciones.
Los pueblos, inteligentemente, defienden su agua para mantener y promover su agricultura y su ganadería, que es de donde vive la mayoría.
Defienden su agua y su aire para poder tener salud, sin la cual no hay capital humano ni avance tecnológico. Defienden su ambiente para poder tener la oportunidad de progresar en base a la biodiversidad, a los productos orgánicos y al turismo, donde puede generarse mayor valor agregado de manera inclusiva. 
En suma, los pueblos del Perú profundo han optado por el Buen Vivir, dejando de lado un espejismo de crecimiento que ya se desvaneció y que solo concentraba las ganancias en las trasnacionales y grupos de poder, sin generar empleo ni desarrollo humano.
La tarea económica ahora es desarrollar la diversificación productiva y financiar la educación, la salud y la innovación.

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