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martes, 16 de febrero de 2010

Pesqueras y siderúrgicas contaminan la bahía El Ferrol en Chimbote


El Ministerio del Ambiente señala que especies de la fauna marina como la anchoveta pueden desaparecer.

(Perú 21) Lo que antes fue un pequeño balneario que atraía a los turistas, hoy se ha convertido en un temible foco infeccioso para los pescadores y para la población de Chimbote. De acuerdo con Raúl Roca, director general de la oficina de Calidad Ambiental del Ministerio del Ambiente, el indiscriminado crecimiento de las industrias pesquera y siderúrgica en la bahía El Ferrol ha dañado su ecosistema hasta un punto crítico.
“Especies de la fauna marina como la anchoveta corren el riesgo de desaparecer si las 33 plantas pesqueras principales que allí explotan ese y otros recursos siguen afectando el medio ambiente sin que se haga nada para remediarlo”, dijo el funcionario.
Agregó que, por ello, el Ministerio del Ambiente (Minan) viene ejecutando el Plan de Recuperación Ambiental de la Bahía El Ferrol. “Uno de los avances de este programa es el acuerdo con las compañía pesqueras para realizar, en conjunto, un tratamiento de las aguas residuales y, así, evitar que el daño ecológico continúe”, sostuvo Roca a Perú.21.

TIENE SALVACIÓN
Indicó que lo que se hará es recolectar las descargas de residuos solidos de estas compañías y las que emiten los distritos de Chimbote y de Nuevo Chimbote, para llevarlas a una zona segura donde verterlas. Empero, manifestó, también hay que tener en cuenta la contaminación del aire que ocasionan las siderúrgicas instaladas en la zona.
“Este lugar puede volver a ser una bonita ensenada recreativa para los veraneantes del norte, solo hay que trabajar con ganas y empeño”, acotó.

DATOS
• La bahía El Ferrol se ubica en la provincia del Santa, a aproximadamente 450 kilómetros al norte de la capital.
• De acuerdo con el Minan, tiene una extensión de 11.1 kilómetro de largo y 6.5 kilómetros de ancho.

lunes, 11 de enero de 2010

Ecologista advierte necesidad de preservar ecosistemas en las alturas

(ANDINA).- A pesar de que las montañas son las proveedoras de toda el agua que requiere Lima para vivir y crecer económicamente, esta permanece de espaldas a ellas, lo que significa un peligro para el propio ecosistema y los usuarios directos de estas despensas hídricas, afirmó el director de The Mountain Institute-Perú, Jorge Recharte.
Recharte, uno de los expositores del reciente Encuentro Científico Internacional de Verano, lamentó esta realidad, que podría convertirse en una "bola de nieve", de no contar con una política de cuidado de las cuencas (en las partes altas de la montaña), donde se produce el agua que todos tomamos a diario.
Adelantó que su institución, junto con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), coimplementará el proyecto Cumbres a la Costa, del cual será responsable.
“Este proyecto tiene el propósito de desarrollar medidas de adaptación al cambio climático. Primero, crear conciencia y luego implementar acciones para conservar las cabeceras de montaña, que son ecosistemas frágiles, muy importantes para la regulación del ciclo hídrico del futuro del país, especialmente de la Costa”, destacó.

Investigación y modelos
Para ello, desarrollarán una plataforma de investigación aplicada en dos cuencas piloto: Áncash y Piura.
En primer término, ensayarán un tipo de estructura muy sencilla para determinar qué tipo de información debería llegar a las comunidades campesinas y cómo los científicos pueden recoger los saberes locales.
“El segundo elemento de este proyecto será fortalecer las capacidades de los gobiernos locales y las comunidades ubicadas en las zonas de cumbre de las montañas, a fin de que puedan encontrar formas de influir sobre las políticas de cambio climático, además de la investigación y la ciencia que se realiza a su alrededor”, detalló Recharte.
Uno de los elementos de mayor proyección será el desarrollo de un modelo práctico de gestión, conservación y restauración de estos ecosistemas, y así construir un ejemplo de adaptación a escala.
El experto explicó que los glaciares tienen la función de regular el flujo del agua, pero que a medida que estos desaparecen “hay otros ecosistemas, en las zonas altas, que cumplen esa misma función”.
En Piura no hay un solo glaciar; sin embargo, existe una regulación igualmente muy interesante del agua. El responsable del milagro es el ecosistema conocido como páramo.
Su suelo es único en el mundo, afirmó Recharte, quien añadió que durante las lluvias el agua es absorbida y retenida en su interior. Conforme se va secando el ambiente, el páramo la va liberando, al igual que lo hace un glaciar.

Trabajo municipal
El director de The Mountain Institute- Perú remarcó que el proyecto Cumbres a la Costa contará con el apoyo de la Red de Municipalidades Rurales del Perú (Remurpe).
“Se les llevará herramientas para analizar qué impactos tendría el cambio climático en sus zonas, y cómo diseñar proyectos de inversión pública que incorporen esta variable. Vamos a trabajar muy de cerca con las comunidades de estos municipios, porque son ellas las que manejan el territorio donde hay que reforestar.”
El objetivo es encontrar formas de manejar esos territorios, pero generando beneficios para las comunidades. “Restaurar bosques nativos y crear alrededor de ellos proyectos de turismo, estrategias de desarrollo. Lograr que el Gobierno compense a estas poblaciones por el trabajo que están haciendo”, indicó.
Cuando este proyecto concluya –tendrá una duración de dos años– esperan contar con un modelo de intervención que pueda ser replicado en el resto del país.

Todas las ciencias
En la actualidad, existe una demanda no satisfecha de investigaciones orientadas a estudiar las implicancias del cambio climático en las montañas.
Los procesos en la Amazonía dependen también de ellas. Su biodiversidad obedece a lo que ocurre en sus cabeceras.
De acuerdo con diversos estudios, se ha determinado que en épocas remotas los glaciares también se replegaron, pero después recuperaron sus grandes extensiones.
“Los nevados pulsan como si estuvieran vivos. Sin embargo, ahora están en una fase de retraimiento que no se había visto antes y con una intensidad preocupante. La pregunta es si las especies podrán adaptarse a estos cambios en tan poco tiempo”, sostuvo Recharte.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Estado incorpora como áreas protegidas 22 islas y 11 puntas guaneras

Las tierras se ubican en la isla Lobos de Tierra (Piura) y la punta Coles, en Moquegua. Ocupan un total de 140 millones 833 mil 47 hectáreas.

(RPP) El Ejecutivo firmó la resolución de creación de la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras. De esta manera, el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado-SINANPE, integra como una sola gran Reserva Nacional, 22 Islas e islotes y 11 puntas guaneras, que cubre 140 millones 833 mil 47 hectáreas. Estas se distribuyen desde la isla Lobos de Tierra (Piura) hasta la punta Coles, en Moquegua.
"El objetivo de su creación es conservar una muestra representativa de la diversidad biológica de los ecosistemas marino costeros del mar frío de la corriente de Humboldt, que asegure la continuidad del ciclo biológico de las especies que en ella habitan, así como el manejo sostenible de los recursos naturales a través de actividades compatibles tales como el turismo, la recreación, entre otros", destacó el Jefe del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado-SERNANP, Luis Alfaro.
Las 22 islas e islotes y 11 puntas del litoral peruano, que conforman el Sistema de Islas y Puntas han sido protegidas por el Estado Peruano en forma continua desde hace 100 años en que se creó la Compañía Administradora del Guano.

Debido a esta protección, con el fin de aprovechar el recurso guano de la isla, en la actualidad estas islas y puntas albergan las principales (y últimas) poblaciones de aves y mamíferos marinos y algunos de los principales sitios de reproducción y cría para peces e invertebrados de la costa peruana. Su incorporación al SINANPE conforma la primera red de áreas marinas protegidas en Sudamérica, y le otorga al Perú un rol de liderazgo en la conservación de los recursos marinos costeros.