sábado, 19 de marzo de 2011

Las veredas son para los autos


Por: Enrique Plasencia Calvanapón
Trujillo, La Libertad.- En la cuadra 4 del jirón San Martín, la policía aparece y desaparece según la cantidad de vehículos estacionados en la zona rígida. Es como si los uniformados anduviesen escondidos en algún lado hasta que un apurado chofer, que viene a hacer gestiones en la Gobernación, en el Banco de la Nación o en cualquier otra institución, estacione el auto treinta segundos para dejar, aprisionada en el parabrisas, la multa del día.
Hace unos días, un cliente vino a entregar una pesada caja en mi oficina. El tiempo que demoró en entrar y salir fue, digamos, medio minuto. Afuera, una policía de tránsito ya lo había multado. Caballero, a pagar nomás. Cuando hice la consulta, la susodicha transitera me mandó callar, como si de su hijo se tratara. En fin, nos resignamos a aceptar una multa que, digámoslo de algún modo, puede ser justa, hasta cierto punto.
Y digo hasta cierto punto porque en otras arterias de la ciudad se aplica la ley del embudo y todo el mundo hace lo que quiere, a vista y paciencia de cualquier autoridad, civil o policial.

Un claro ejemplo de ello se da en las cuadras 6 y 7 de la avenida Nicolás de Piérola. En ese lugar, las empresas dedicadas a la venta de automóviles no sólo se estacionan donde les da la gana sino que, con la absoluta complacencia de la municipalidad bloquean con conos anaranjados parte de la vía, bloquean la vereda exponiendo los vehículos en venta e, incluso, han destruido la vereda para hacerla más accesible a los automóviles de sus clientes.
De otro lado, allí también se desarrollan las revisiones técnicas, lo que origina la invasión de todas las zonas peatonales, sin que alguien se digne tomar acciones. La policía, por supuesto, brilla por su ausencia.
Eso constituye una seria amenaza para quienes nos desplazamos por la citada vía. Debido a los vehículos estacionados en las veredas, tenemos que caminar, temerariamente, por la propia pista, exponiéndonos a accidentes y desgracias.
Pero el problema no queda allí. Los tráilers que transportan los autos se estacionan en la vereda de enfrente donde, al lado de la puerta que da al pabellón de educación inicial del la Institución Educativa “La Asunción”. Otro factor de riesgo, puesto que estos enormes vehículos merman la visión de los conductores que desplazan sus máquinas por la avenida.
Muchos de los vehículos que vienen de norte a sur por la avenida, y que deben girar por la avenida América en dirección este, no siguen la ruta reglamentaria, por el óvalo, sino que “cortan camino” cruzando, raudos, el grifo que se encuentra en el cruce de ambas avenidas. En más de una ocasión he tenido que enfrentarme a estos malos conductores.
Asimismo, este cruce es lugar de nadie todo el día. Allí, la ley de la selva se cumple al pie de la letra: no hay semáforo, policía ni serenazgo. Los conductores se detienen para recoger pasajeros en cualquier lado o compiten por ellos a velocidades no permitidas. Cruzar la calle es una peligrosa aventura.
¿Quién se decide a hacer algo? ¿Es que los propietarios de las empresas vendeautos son intocables? ¿O es que los peatones no valemos nada en esta ciudad que ya puede preciarse de tener los peores conductores del Perú?

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