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lunes, 26 de marzo de 2012

USA, EL VOTO LATINO

Por: Eduardo González Viaña
egonzalezviana@gmail.com
http://www.elcorreodesalem.com/

Uno de los más recientes números de “Time” apareció con una portada en español que proclamaba "Yo decido".
Se refería al creciente poder electoral de los latinos y a su capacidad para dirimir quién va a ser el próximo presidente de los Estados Unidos. De acuerdo con la lógica, no van a votar por los republicanos. Pero, ¿tendrá la lógica algo que ver con las elecciones?
Los republicanos están haciendo todo lo posible para recibir el rechazo de la comunidad inmigrante. Veamos algunos de sus proyectos:
Uno de los dos precandidatos más posibles, Mitt Romney, ha prometido que vetará el “Acta del Sueño”. Ese dispositivo legal abre la posibilidad de legalización los estudiantes indocumentados que hayan llegado a USA antes de cumplir 16 años y que terminen por lo menos dos años de universidad o se inscriban en las Fuerzas Armadas.
Todos los aspirantes de ese partido coinciden en la necesidad de terminar la construcción del muro a lo largo de la frontera con México. Herman Cain, quien ya esta fuera de carrera, quería que la gran pared fuera electrificada con el fin de achicharrar a los intrusos.
Rick Santorum, por su parte, da su apoyo a la ley migratoria de Arizona a pesar de que la misma es, desde todo punto de vista, racista, y castiga, incluso, el aspecto físico o el acento lingüístico de una persona.
Ron Paul denuncia que por culpa de los inmigrantes, los hospitales y las escuelas se están yendo a la quiebra.
Obviamente, todos ellos están de acuerdo en que Estados Unidos debe continuar las guerras en que está metido e iniciar otras para hacer frente a ciertas apocalípticas fuerzas del mal. Pero, ¿significa esto que el voto latino ya está decidido?... No lo podemos asegurar.
En 1994, el presidente George Bush se lanzó a la carrera para conseguir el segundo mandato. Todo el mundo sabía entonces que la guerra contra Irak había sido iniciada sin motivo real alguno y que ni el propio presidente creía que hubiera "armas de destrucción masiva” en ese país. Nadie se comía tampoco el embuste de que Sadam Hussein estuviera ligado al bestial genocida Osama Bin Laden.
Sin embargo, hasta ese momento, más de mil 100 jóvenes norteamericanos habían regresado a la patria en ataúdes. Por otra parte, la economía estaba haciendo agua.
Aunque parezca increíble, la campaña electoral fue centrada por los republicanos en temas que les son extrañamente obsesivos como el matrimonio homosexual y el aborto. Y de esa manera obtuvieron el apoyo inesperado de quien menos se podía suponer, el de la Iglesia Católica.

A pesar de que el Papa había condenado la guerra en Irak, varias decenas de obispos suscribieron una carta-publicada en todos los diarios-en la que se advertía que el católico dispuesto a votar por el demócrata John Kerry, y no por el presidente Bush, debería confesarse porque estaba cooperando con el diablo.
El manifiesto fue coordinado en el Vaticano con el entonces Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto. El motivo en que se basaba era, por supuesto, la férrea oposición republicana a los temas de su extraña obsesión. Hoy, la agenda republicana es la misma.
Si se tiene en cuenta que la mayoría de los latinos son católicos, las elecciones en este país ¿serán otra vez decididas por el Papa? ¿Votara el Papa en estas elecciones?
Los alemanes católicos de Mount Angel, un pueblo de Oregón, suelen tener de doce a quince hijos porque obedecen las consignas del Papa que condenan el control de la natalidad. En América Latina, se practica un catolicismo más relajado. Pecamos, y después nos confesamos.

lunes, 5 de marzo de 2012

MIRAR A VALLEJO HOY MISMO

Por: Eduardo González Viaña
egonzalezviana@gmail.com
http://www.elcorreodesalem.com/

“Volver a mirar a César Vallejo en el siglo XXI” se llama la conferencia –y el homenaje internacional- que rinde a nuestro gran poeta el 16 y el 17 de marzo la University College de Londres. De acuerdo con los “rankings”, esta casa de estudios se encuentra entre las siete más importantes del mundo. Nada menos que 21 ganadores del Premio Nóbel salieron de sus aulas.
Es fácil comprender por ello la envergadura del acto así como la dimensión que ya tiene el autor de “Trilce” en el planeta. El problema es qué hacer para “volver a mirarlo” en este siglo. Justamente, yo he tenido la suerte de ser invitado para decirlo. Se me ha dado el honor de presidir la sesión plenaria con una disertación sobre mi novela “Vallejo en los infiernos”.
Ese es un honor inmenso y una responsabilidad mucho mayor. Los debo al hecho de haber escrito la primera novela biográfica sobre Vallejo, y de haber mostrado en ella que, en vez del metafísico llorón que algunos dibujan, el escritor fue un rebelde, y su obra podría haber sido escrita en nuestros días, y la gente supondría que se trata de un hecho que está sucediendo en algún lugar del Perú de hoy.
Tengo varias razones para decirlo:
La primera: Como lo denuncio en mi novela, César Vallejo fue en realidad un preso político y un candidato a pasar largo tiempo en la cárcel o a morir de súbito castigado por sus ideas socialistas. Los críticos y comentaristas de su obra suelen dedicar sólo unas líneas breves –y a veces mezquinas- a este hecho, que es fundamental en la gesta de “Trilce” y en la comprensión de ese libro y del propio país que le da origen.
Nuestro poeta fue testigo y denunciante de un acto criminal ocurrido en Santiago de Chuco, su pueblo, (1920) cuando azuzados por los poderosos, los gendarmes acantonados allí se levantaron en armas, intentaron eliminar a las autoridades locales y asesinaron a un intelectual amigo del poeta. Con piedras y con sus propias fuerzas, los vecinos impidieron que aquello se convirtiera en un genocidio.
La acción judicial fue iniciada contra los gendarmes y sus instigadores. Sin embargo, movida por fuerzas misteriosas, la Corte Superior de Trujillo la convirtió en una investigación judicial contra los denunciantes y las propias víctimas. El juez ad hoc enviado al lugar de los hechos festinó trámites, fabricó pruebas, inventó personas, dibujó firmas de personas ausentes y, bajo tortura, obtuvo la confesión de un supuesto autor material de los crímenes quien decía haber sido armado por Vallejo.

Cuando el abogado del poeta, pidió que el supuesto sicario fuera llevado ante la Corte de Trujillo, la “justicia” lo envió atado al lomo de una mula bajo custodia armada. A la mitad del camino, sus captores lo bajaron del animal y lo mataron a balazos aduciendo que había intentado huir.
Por casualidad, el juez ad hoc era también abogado de poderosas empresas donde habían estallado sublevaciones sociales, Casagrande, que en vez de salarios ofrecía coca y raciones de comida a sus trabajadores, y Quiruvilca, la mina donde miles de indios eran empujados a trabajar 20 horas al día hasta la extenuación, la tuberculosis y la muerte.
En la Universidad de Trujillo, nacía entonces una generación de jóvenes intelectuales atraídos por el socialismo, por el anarquismo o por la sola idea cristiana de liberar a los oprimidos. Las grandes empresas y sus agentes querían escarmentarlos, inventarles algún sambenito y eliminarlos físicamente si fuera posible. Vallejo fue la víctima escogida, el incendiario, el terrorista de la época.
La segunda razón es que lo que fue real en 1920 se repite hasta la saciedad en nuestro tiempo. Quiruvilca, -denunciada por Vallejo en su obra “Tungsteno” y evocada en mi libro “Vallejo en los infiernos”- se parece entrañablemente a la región de mayor conflicto social del Perú de hoy, las minas. En Cajamarca, una región “vallejiana”, se encuentra la más grande explotación del oro en el mundo. Sin embargo, el setenta por ciento de la población padece extrema pobreza. Las denuncias de contaminación son frecuentes. Por fin, los sacerdotes que encabezan la protesta son amenazados de muerte y perseguidos por una banda de forajidos en estrecha relación con el cuerpo de seguridad de la mina.
La tercera razón para aducir la realidad de mi novela es algo que no se suele contar: Vallejo, uno de los grandes poetas de la lengua castellana en el siglo XX, no pudo regresar jamás a su país. Si lo hubiera hecho, habría sido conducido de inmediato a los infiernos de alguna cárcel tremebunda. Ello se debe a que el proceso penal instaurado contra él nunca se extinguió, y sus enemigos anduvieron todo el tiempo buscando la extradición.
Algunos comentarios supuestamente académicos obvian este hecho, y aluden a una risible “pasión metafísica” su imposible retorno.
Lo he dicho otras veces, y ahora lo repito. Vallejo y su vida no son reales una vez. Lo son una y otra vez. Espero que no por mucho tiempo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

CORREO DE SALEM: OTRA VEZ, EL MES DEL ESCORPIÓN

Por: Eduardo González Viaña
egonzalezviana@gmail.com
http://www.elcorreodesalem.com/

Hace ya una semana que la Tierra navega por el reino purpúreo del Escorpión, y esto ha de traer sus consecuencias. Un color desconocido baja misteriosamente de la galaxia, se posa sobre nuestros rostros y nos hace más extraños de lo que habitualmente somos. Para todos los nacidos entre el 23 de octubre y el 22 de noviembre, es el vaticinio de un destino que supuestamente compartimos y que nos hace incansablemente similares.
La irrupción de Marte y de Plutón sobre los cielos durante este tiempo nos depara algunos fenómenos inusuales y la sensación de que acaso no caminamos sobre el mismo planeta. "Éste no es el mismo mundo", me dije algún noviembre juvenil en Trujillo, cuando los vientos de San Andrés amenazaban llevarse la torre de la catedral. En Europa, durante mis tiempos de estudiante, el Escorpión siempre trajo consigo la primera tormenta del invierno y eso me obligó a permanecer bajo techo en Madrid el día de mi cumpleaños, o a conocer en París las excelencias de un vino siempre nuevo, el Beaujolais Nouveau.
De ser cierto lo que proclaman los horóscopos, los "escorpiones" debemos ser apasionados e intuitivos, misteriosos y sensuales, silenciosos y temibles. La filosofía. la poesía esotérica, la alquimia, el espiritismo, el espionaje, la química, la cirugía y la magia negra son las actividades que se asocian con este signo que ha tenido representantes tan famosos como Mata Hari, Goebbels y Eduardo VIII, Richard Burton, León Trotsky y Madame Blavatsky, Galileo, Martín Lutero y San Agustín.
El águila, el ave fénix y la serpiente son sus símbolos; el topacio y el ópalo, sus piedras preciosas y, por fin, sus signos compatibles son Cáncer, Virgo, Piscis y Capricornio. De todo ello, y de que había nacido bajo "el más luminoso y el más temible de los signos", me enteré al cumplir 12 años de edad, pero mi racionalidad de entonces se opuso a la idea de que sólo existieran doce tipos de personas y que cada grupo estuviera condenado a parecerse y a vivir el mismo destino, a dar los mismos pasos y a imitarse en la tierra y en el cielo, por los siglos de los siglos, y por siempre, jamás.
Había, sin embargo, un club escorpiónico más exclusivo llamado el "decanato". Por haber nacido el 13 de noviembre, yo pertenecía al segundo, (del 3/11 al 13/11) y, según ello, alcanzaría alguna fama cuando fuera adulto pero tendría muchos problemas con mujeres, lo cual me pareció divertido pero no muy agradable. Lo que sí no cuadraba conmigo era la descripción física de acuerdo con la cual, como a todos los nativos de este decanato, una cicatriz predestinada me cruzaría la frente.

Me miré en el espejo, y no la tenía. Después de eso, del Tesoro de la Juventud pasé a Verne, Dostoiewsky, Voltaire, Renan y Balzac, hasta que la lectura me enfermó de racionalismo cuando tenía 15 años, y todo el tiempo de la adolescencia me reí de la posibilidad de que la famosa marca me apareciera sobre la frente una mañana como fruto de algunos malos sueños y de otros peores pensamientos. Sin embargo, todavía no me había salvado de ella.
Exactamente al cumplir los 18 años de edad, en la universidad de Trujillo, me batí a duelo con mi amigo Juan Morillo Ganoza. A pesar de que los periódicos, la radio y algún obispo nos calificaran de anacrónicos o nos excomulgaran, una diferencia insalvable de opiniones sobre el ritmo de la prosa en Guy de Maupassant nos empujó a buscar, en el terreno de la espada, la solución del conflicto. Juan recibió una estocada en la garganta. A mí, su espada me tocó la frente y me dejó, encima de la ceja izquierda, la cicatriz que tanto tiempo me había estado esperando.
Una simple casualidad no me iba a convertir en crédulo. Para desmentir a los horóscopos, y acaso también por vanidad masculina, durante varios años me di a la tarea de frotarme la frente con crema de nácar y jugo de limón. Me acuerdo que el día en que recibía mi título de abogado, a los 24 años, me estaba poniendo la corbata cuando el espejo me devolvió una frente libre de cualquier mácula. El hombre ha burlado al destino, me dije, y decidí que algún día iba a contar esa experiencia.
Sin embargo, aquella misma tarde, una Land Rover se estrelló contra mi carro en una intersección de calles. Mi carro de entonces era un Volvo azul y poderoso, y eso me salvó la vida a pesar de haber dado varias vueltas de campana, pero no me puso a resguardo del temible Escorpión. Una cicatriz nueva se dibujó sobre la antigua, y desde entonces no he tratado de borrármela.
No sé si ahora creo en el Zodíaco, pero mi amigo Teodoro Rivero-Ayllón, que el año pasado me envió un e-mail desde Pekín la noche de mi cumpleaños, me dijo que en ese instante, del cielo oriental, estaban lloviendo estrellas, como suele ocurrir en este mes extraño. Otras coincidencias se añaden en el hecho de que algunos de los mejores amigos de toda mi vida, los poetas Isaac Goldemberg, Rodolfo Hinostroza, Elqui Burgos y Marco Antonio Corcuera, así como Tania Libertad, Raúl Bueno, Jorge Cornejo Polar, Juan Vicente Requejo, Alberto Escobar y Alejandro San Martín, han nacido en la misma semana. ¿Podría añadir que varias veces he estado a punto de casarme con algunas mujeres maravillosas que, por casualidad, nacieron el mismo día de noviembre? Si lo cuento, van a creer ustedes que es un cuento.
Y no lo es. Es el "Correo de Salem" que les envío mientras pasa sobre el planeta la cola escarlata del poderoso signo, y su sombra trae consigo, además de recuerdos dulces y de huracanes en el Caribe, las huellas del camino al cielo que siguió mi madre un 11 de noviembre, y los pasos de mi prima María del Pilar, que se perdió el 14 en la escalera que conduce hacia el largo sueño de Dios. Que Dios esté con ellas y con nosotros, ahora que faltan algunas semanas para que la Tierra ingrese al mar de Sagitario.

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA, escritor peruano y catedrático universitario en Oregón, Estados Unidos. Acaba de publicar la novela El amor de Carmela me va a matar

sábado, 26 de febrero de 2011

CORREO DE SALEM: CHELA ZÁRATE ESCRIBIENDO EN EL MALECÓN DE PACASMAYO

Por Eduardo González Viaña
egonzalezviana@gmail.com
http://www.elcorreodesalem.com/

Esta noche, he soñado con mi puerto de infancia, Pacasmayo. Tendría yo doce o trece años, y caminaba por la plaza de armas que por entonces era para mí gigantesca.
Solamente me seguía una perrita llamada “Lupa” que pertenecía a la familia Zárate. Con ella detrás, avancé hacia el malecón que da a la playa. Lo hice por la primera cuadra de esa calle, y vi que Chela Zárate salía de su casa también en dirección hacia la playa.
Se sentó sobre una de las bancas rojas de ese paseo marítimo con un cuaderno negro en el que estaba escribiendo algún texto. Aprovechando de que yo era un niño invisible en mis sueños, me acerqué tras de ella para tratar de leer lo que decía.
Chela Zárate estaba escribiendo poesía, y eso era extraño en una chica de ese tiempo. Quizás componía una canción que más tarde se llamaría “Callecita azul" y que mucho tiempo después, sería un vals finalista en un concurso nacional de la canción peruana de Panamericana Televisión.
Tal vez en mi sueño le pregunté "¿por qué se escribe poesía?". En la escuela me habían enseñado que todo ya se había escrito, se había pensado o se había hecho. ¿Por qué entonces una muchacha en plena mitad del siglo XX se decidía a hacer algo tan innecesario?
La perra “Lupa” movió la cola en gesto desaprobatorio. Por mi parte, me alejé de allí, recorrí el mundo y cambié de sueños, y acabo de despertar en mi lecho en una ciudad norteamericana muy lejos de allí.
Mi sueño era por supuesto una memoria infantil de mi pueblo y, sobre todo, de mi prima Chela. En este instante, continúo pensando en ella. Recuerdo que después se hizo maestra, escribió poemas para los niños, se convirtió en una seria consultora académica y, en los últimos años, recorrió las escuelas del Perú como una promotora de la lectura tenaz y empeñada en que las escuelas fueran de verdad escuelas y en que los niños se hicieron más niños y más hombres a través de los libros.

"Gira, gira, gira
el pajarito pinto
haciendo un
zzzummm,zzzummm
en su loco pico."

"Zzzzzzzzummm, zummm,
el viajero mago
liba con fruición
el néctar del amor..."


En ese Pacasmayo, puerto de nuestra infancia, su imaginación se alimentó de aires marítimos, de faros bisbiseantes, de cerros misteriosos y de la visión espléndida de un océano que nunca termina. ¿Cómo no ser poeta si se vive en medio de esos sueños? ¿Cómo no ser poeta si se siente que el loco, inconcebible universo termina allá afuera, detrás del océano, pero comienza aquí mismo, aquí adentro de nosotros mismos?
Chela acaba de fallecer. En el Perú es ahora verano. Aquí lejos, en Salem, en pleno norte del norte del continente, está nevando. Aquí, la recuerdo y le agradezco. Gracias a ella por escribir poesía y por hacer eternos esa callecita azul y ese pequeño pueblo que estarán presentes para mí hasta el último día de mi vida.
Ahora, Chela se ha ido a descubrir el cielo, a constatar que el cosmos comienza en nosotros, y que Dios está dentro de nosotros en la mitad de un sueño y acaso caminando al lado de una perrita llamada Lupa.
Anoche soñé que estaba en mi pueblo de infancia, y que bajaba al malecón por una callecita azul. Por allí se ido Chela al horizonte, a caminar, a soñar y a continuar escribiendo poesía para niños.
No la interrumpamos. Ahora ella está soñando con nosotros.