Por: Iván La Riva Vegazzo Rumbo a Huamachuco, la carretera mejora notablemente hasta la laguna El Toro, luego desmejora hasta L
a Ramada. La ciudad, cuna de Sánchez Carrión, mantiene la hermosura de siempre, sobre todo su Plaza de Armas. Huamachuco ha mejorado la oferta de sus servicios y representa un potencial turístico a mediano plazo. Aunque perdimos la gran oportunidad de visitar Markahuamachuco, lo compensamos con el hermoso amanecer de la laguna de Sausacocha.De allí a Cajabamba nos esperaba una mala carretera. La tierra del pintor Sabogal es muy bonita, y por ser domingo, la Plaza de Armas estaba llena de gente y colorido. Desayunamos en la camioneta y partimos hacia San Marcos, capital de la joven provincia cajamarquina. En el trayecto disfrutamos del paisaje del valle del río Condebamba, que refleja lo bella que es nuestra patria. Coincidimos con una feria agropecuaria internacional de ganado vacuno criollo. Aquella fue una muestra de lo progresista que es aquella provincia.Desde allí hasta Cajamarca un rosario de hermosos pueblos y paisajes adornan el viaje. Hoy, la ciudad del Cumbe está muy bien cuidada y cada vez más hermosa. Cajamarca ha comprendido que el turismo es una seria alternativa de desarrollo.Después de una larguísima travesía, nos reencontramos con una buena comida, una cómoda habitación de hotel y un reparador duchazo con agua caliente.Por la mañana del lunes, nos espera la última jornada. Salimos de Cajamarca y tomamos la ruta hacia la costa. Llegamos a Chilete a través de una carretera asfaltada. De allí, por un tortuoso camino nos dirigimos hacia San Miguel de Pallaques. Antes, llegamos al caserío de La Conga, lugar donde se encuentran los restos arqueológicos de Kuntur Wasi, cerca de San Pablo, capital de la provincia del mismo nombre, ciudad en cuya vecindad el ejército peruano venció al chileno en la infausta Guerra del Pacífico. San Miguel tiene una particularidad urbanística que merece destacarse. Todos los inmuebles del contorno de su Plaza de Armas, incluyendo la iglesia matriz, están pintados de un mismo color marrón claro, mientras que las puertas y balcones lo son de color ocre. Se logra así una hermosa escenografía, que ojalá sea imitada por otras capitales. Con sorpresa me entero que su Iglesia Matriz, a decir de los sanmiguelinos, es la iglesia de adobe más alta del Perú y América, con 37 metros de altura. Mas tarde llegamos hasta el distrito de Calquis, que tiene una configuración urbana similar a la de San Miguel, sólo que con colores distintos. Todas las casas del pueblo están pintadas de blanco, en tanto sus puertas y balcones lo están de un intenso color celeste. A esta hermosa escenografía hay que agregarle su placita central llena de flores amarillas.El recuerdo que tengo del pueblito de Calquis es muy profundo. Me ha enseñado sobre lo mucho que los pequeños pueblos del Perú nos pueden enseñar.El regreso de San Miguel a Chilete lo cubrimos en tres horas. Desde este puerto terrestre, continuamos hacia la costa por una carretera muy bien conservada. Las cristalinas aguas del río Jequetepeque, los arrozales y los bosques de mangos fueron nuestros mejores acompañantes. Nos impresionó el reservorio de Gallito Ciego con su inmenso espejo de agua. Ojalá las autoridades municipales de Tembladera pudieran darle un buen uso turístico y deportivo mas provechoso.Al anochecer nos acercamos a Chepen, no sin antes detenernos en la colonial ciudad de Guadalupe para disfrutar de un reparador café y de unos deliciosos sánguches de pavo.La representación del Calvario en el cerro tutelar chepenano, con sus estatuas de tamaño natural, constituyen su mayor atractivo. Chepen es una ciudad que va de la mano con el progreso. Su reto es integrarse al gran circuito turístico nor-peruano, por ello fue significativo que nuestro periplo culminase allí. Fueron muchos los kilómetros recorridos, muchos los pueblos visitados e invalorables las experiencias recogidas en este emocionante viaje. Hoy, desde mi escritorio, puedo decir con toda seguridad: El Perú es hermoso!
































